El linchamiento

Me pregunto por qué no les asalta ese sentimiento irrefrenable de “impartir justicia” a los hombres que formaron la turba que asesinó a una mujer en Taxco, también frente a sus propios congéneres, los mismos que convierten a México en paraíso de pedófilos que usan niñas como la que pretendían “vengar”.

Taxco es un lugar muy lindo perdido en el corazón del mismo infierno. Es uno de los conocidos como “Pueblo Mágico” de México, famoso por sus minas de plata y la orfebrería correspondiente. Es un sitio muy bonito en el estado de Guerrero, un narcoestado donde la fuerza y el orden público desapareció hace mucho tiempo y donde la vida vale menos que nada.

No crean que les es un lugar tan completamente ajeno pues sitios tan archiconocidos mundialmente como Acapulco están en el estado de Guerrero. Ahora, esa ciudad antes conocida como “la perla del pacífico” está medio en ruinas por el paso del huracán Otis hace ya casi un año, como testimonio de que hasta lo más lujoso puede convertirse en escombro por obra de la corrupción y la violencia.

Una vez geográficamente situados, les cuento que hace tres días, en Taxco, una niña de 8 años llamada Camila fue a jugar a casa de su vecinita, otra niña de su misma edad. Estando allí, parece ser que alguien de la familia de la vecinita, padre o hermano mayor, quisieron abusar de la pequeña. No se sabe bien si al resistirse o después de cometer el abuso, la niña Camila fue asesinada en la casa, estando presentes el padre, el hermano y la madre de la pequeña vecina.

Al no volver Camila a su casa, su propia madre fue a buscarla casa de la vecina y descubrió que su hija había sido asesinada. Rápidamente se corrió la voz por el pueblo y sucedió que se formó una turba de hombres que se dirigieron a la casa donde habían matado a Camila. Vaya por delante que esto no pasa nunca.

La turba llegó a la casa y sacaron a los tres miembros adultos de la familia, mientras la policía ni estaba ni se la esperaba. Los hombres de la turba empezaron a golpear a los tres, pero con especial saña a la madre, a la que, por supuesto, primero le arrancaron la ropa, como manda el patriarcado desde tiempo inmemorial y cosa que no hicieron ni con el padre ni con el hijo, y luego la turba se empleó tanto en golpearla a ella que, cuando finalmente llegó la policía, sólo pudieron (…) rescatar al padre y al hijo, mientras la madre era brutalmente asesinada a golpes enmedio de la calle, en los morros de la policía. 

Con este asesinato ya nunca sabremos lo que pasó realmente, ya que podemos presuponer que, si dos hombres adultos son capaces de abusar de una niña de 8 años, bien son perfectamente capaces de echarle la culpa a la madre muerta para librarse de la cárcel. Sobre todo, si tenemos en cuenta que más del 40% de las mujeres que cumplen condena en México lo hacen para encubrir delitos que en realidad han cometido sus maridos o sus hijos, y otro gran porcentaje está en prisión por haber cometido esos delitos obligadas por sus familiares hombres. Y aunque fuera cierto que la madre fuera una asesina de la peor calaña, nada justifica que un grupo de salvajes, que no mueven un dedo frente a los 155 feminicidios en su estado sólo en 2023, se tome en este caso la “justicia” por su mano.

Taxco está en la sierra de Guerrero. En esas montañas muchos padres venden a sus hijos por un par de litronas o por unos cuantos pesos, o son secuestrados por las redes de pedofilia que tienen en Acapulco su capital del pacífico. Esos niños y niñas, también de Taxco, acaban subidos a yates de lujo en el puerto de Acapulco, donde comparten “viaje” principalmente con americanos, canadienses y algún europeo, todos adultos, que los usan durante lo que dura el “divertimento”. Muchas veces esos yates vuelven a puerto sólo con el pasaje adulto. De los niños y niñas no se vuelve a saber nada, como pasó justamente el día del huracán Otis, en el que desaparecieron un par de estos yates, cuyos viajeros luego buscaban las autoridades de sus países entre el estupor y la vergüenza. Mia amigas de la zona me decían que lo sentían por los chiquillos, pero que, sabiendo que su vida iba a ser una tortura, al menos les quedaba el consuelo de que el huracán se hubiera llevado a varias decenas de pederastas por delante.

Les cuento esto porque de verdad me pregunto por qué no les asalta ese sentimiento irrefrenable de “impartir justicia” a los hombres que formaron la turba que asesinó a una mujer en Taxco, también frente a sus propios congéneres y vecinos, los mismos que convierten a México en paraíso de pedófilos que usan y violan niñas como la que pretendían “vengar”.

Si tienen estómago pueden ver las imágenes del linchamiento y ya me cuentan luego.