Frente al Black Friday de la escasez, un Día sin Compras con abundancia de alternativas

Un año más Ecologistas en Acción se suma al Día sin Compras, una jornada de huelga simbólica de consumidoras y consumidores que se organiza, desde 1992, en todo el mundo en contraposición al Viernes Negro (Black Friday) y el Ciberlunes (Cyber Monday).

Procedente de Estados Unidos, el Viernes Negro, prolongado al Ciberlunes de rebajas en la compra por Internet, se ha convertido en una de las jornadas más consumistas del año a nivel global, impulsada por el lanzamiento de ofertas para incentivar las compras y comenzar la campaña navideña. Por el contrario, el Día sin Compras se propone como un día para reflexionar y cuestionar el actual modelo de producción y consumo que muestra claros síntomas de agotamiento, a la vez que resulta incompatible con el contexto de crisis climática.

Este año, tanto la campaña del Black Friday como la posterior de navidad se van a desarrollar en un contexto de escasez material sin precedentes cercanos, por problemas de suministros que muestran la falta de resiliencia del sistema de producción y consumo que no es capaz de responder a una situación de dificultad.

Los problemas de suministro están ocasionados por diversas causas, como cierta reactivación de la demanda tras la pandemia a la que las cadenas de producción aún no se han adaptado, pues además éstas cuentan con una gran especialización territorial y están diseñadas para distribuir inmediatamente lo producido y minimizar el almacenaje. Pero el discurso oficial esconde otro factor, y es que muchos estudios científicos muestran que estamos llegando a los límites de disponibilidad, tanto de distintos materiales, como de diversas fuentes energéticas.

Sin embargo, este es el factor de mayor importancia, pues, aunque la corrección del resto puede contribuir a estabilizar la situación, la escasez a la que nos vamos a enfrentar, tanto de petróleo como de diversos materiales empleados en las cadenas de producción, hacen vislumbrar un futuro en el que estas situaciones se repetirán mostrando que el modelo de consumo continuo e ilimitado es incompatible con un planeta que es finito.

En cualquier caso, se trata de un sistema insostenible ambientalmente por su dependencia de los combustibles fósiles y su incidencia sobre el clima, el impacto de la extracción de materias primas o la generación de residuos. Pero también es insostenible socialmente, pues se basa en la reducción máxima de los costes laborales, con su incidencia sobre los trabajadores, y que contribuye a la concentración de la riqueza al quedar controlado por gigantes como Amazon, expulsando a miles de pequeñas/os productoras/es y comerciantes.

El éxito de modelos como el de Amazon se asienta en alentar un consumo compulsivo, de productos procedentes de cualquier parte del mundo, con un solo clic que, obviando los impactos, permite poder disponer del bien en unas pocas horas y a bajos precios.

Este modelo necesita fechas como el Black Friday y el Cyber Monday, donde el consumo se vuelve aún más voraz e innecesario, impulsado por grandes ofertas e importantes campañas publicitarias con mensajes que asocian la compra de productos a añorados momentos de felicidad. Sin embargo, ese efímero momento de satisfacción que genera la compra no contribuye a ninguno de los aspectos de nuestra vida vinculados a la felicidad. Estudios como los de Grant y Terman concluyen que la calidad de las relaciones sociales es el principal ingrediente para lograrla, por lo que se mantiene una constante espiral de insatisfacción.

Por todo ello, hay que ser consciente de que con las pautas de consumo se contribuye a configurar la sociedad actual, por lo que se debe elegir si se quiere seguir alimentando un modelo, representado por la codiciosa sonrisa de Amazon, que acentúa la crisis climática, a la vez que, en un contexto de escasez, concentra aún más la riqueza en unas pocas manos.

Ecologistas en Acción trata de que el Día sin Compras sirva como toma de conciencia sobre la necesidad de dar un giro radical a un sistema que debe crecer continuamente para generar riqueza, que se manifiesta en un modelo de consumo compulsivo, y que ignora los límites físicos del planeta. De acuerdo con ello, se propone una reflexión sobre las verdaderas necesidades y la forma de satisfacerlas, poniendo en valor aquellas formas de consumo que contribuyan a hacerlo de una forma más justa y sostenible.

En consecuencia, desde Ecologistas en Acción se propone lo siguiente:

  1. Combate la compra compulsiva, la única opción para enfrentar la grave situación actual es reducir los niveles de consumo, buscando satisfacer las verdaderas necesidades materiales e ignorando y combatiendo los estímulos al consumo que se reciben continuamente. De esta manera, además, se puede contribuir a satisfacer otras necesidades no materiales, dedicando parte del tiempo que ocupa el consumo a estar con los seres queridos.
  2. Cubrir las necesidades básicas sin comprar. Es la solución más sostenible: reparar, intercambiar, compartir, crear… Existen diversas alternativas colectivas como talleres de reparación, tiendas gratis, mercadillos o cooperativas de trueque, pero también hay otras formas de actuar a menor escala, como intercambiar ropa con una amiga o un amigo, juguetes con los que no juega la niña/o con una de sus amigas/os…
  3. Si se necesita comprar un producto, apoyar la producción local y al pequeño comercio y de proximidad. De esta manera se reduce el impacto producido por el transporte de larga distancia, pero también se apoya a pequeñas/os productoras/es y comerciantes, contribuyendo a un mejor reparto de la riqueza.
  4. Aplicar criterios de compra sostenible y justa. Los productos ecológicos tienen menor impacto ambiental y los de comercio justo mejor repercusión social, aunque para que estos no se vean minorados es importante recurrir a canales de distribución cortos y justos, como grupos de consumo, tiendas de comercio justo, mercadillos de productores o supermercados cooperativos. También se puede participar en los mercados sociales existentes en distintos territorios, que forman red de producción, distribución y consumo que funciona con criterios éticos, democráticos, ecológicos y solidarios.