DOSSIER INVESTIGACIÓN: ¿Quién abrió las puertas al lobby proxeneta de la universidad española entre 2019-2024?
Entrega II: La arquitectura del fraude: El lobby regulacionista y la captura de la Universidad.
Por Mayca Romero Sánchez de la Campa
Activista en Cádiz Abolicionista
En la primera entrega prometí que no íba a dejar pasar este mapa de la infamia. El cierre de un colectivo regulacionista fue solo el final de un acto; ahora nos adentramos en el corazón de la maquinaria. Cuando empecé a investigar los programas, las actas y los presupuestos, no buscaba un simple juego de nombres; buscaba entender cómo, en menos de una década, la Universidad Pública se convirtió en la mayor notaría del fraude regulacionista de este país. No es una historia de espontaneidad. Es una historia de ingeniería política.
I. El «Pecado Original»: 2006, el año en que el Estado puso precio
La agenda regulacionista no surge de un debate académico; es un proyecto de Estado. En 2006, el Gobierno de Zapatero financió con 100.000 euros públicos un informe técnico que exploraba cómo recaudar impuestos a través de la prostitución. El artífice de aquella hoja de ruta fue el entonces Secretario de Estado, Octavio Granado. La pieza clave del rompecabezas aparece cuando, en 2018, Granado regresa a su cargo justo en el momento en que se inscribe el sindicato OTRAS. Esta sincronización, con una precisión quirúrgica, deja de ser una casualidad para convertirse en una evidencia: estamos ante una estrategia política deliberada, diseñada años atrás, para normalizar la explotación sexual bajo el paraguas institucional.
II. La maquinaria de ocupación: La simbiosis entre OTRAS y el «Cónclave»
El sindicato OTRAS no es un sindicato al uso; es el instrumento político que un cónclave de profesorado necesitaba para validar su teoría. Mientras el Tribunal Supremo cerraba la puerta a la sindicalización de la prostitución por carecer de cobertura legal, estos catedráticos decidieron cambiar la ley por la pedagogía. Su estrategia de largo plazo es la verdadera estafa: la formación de las futuras generaciones.
La simbiosis opera así:
- El cónclave de profesorado utiliza sus departamentos para inocular en el alumnado que el «trabajo sexual» es un empleo legítimo, transformando la propaganda en un conocimiento experto que los estudiantes, sin más herramientas críticas, terminan aceptando como verdad científica.
- El sindicato OTRAS recoge ese material académico y lo usa como escudo jurídico en sus presentaciones, legitimando ante la opinión pública con el sello de la universidad.
- El resultado: Un blindaje mutuo donde el profesorado avala al sindicato y este actúa como brazo ejecutor en foros públicos, garantizando que el concepto de «trabajo sexual» quede grabado en la conciencia de los futuros profesionales.
Así es como han recuperado el concepto para blindar al sindicato frente a las nuevas generaciones: mediante el aula. Si alguien cuestiona al profesorado por convertir la cátedra en un mitin, se escudan en la «libertad de cátedra». Ni siquiera las delegaciones de Igualdad pueden intervenir: al intentar fiscalizar a un catedrático blindado por esta red, chocan contra una estructura de poder intocable que utiliza el logo de la universidad para, bajo la apariencia de rigor científico, estar realmente garantizando la supervivencia futura del lobby.
III. La red nacional: Los nodos de la infamia
Esta auditoría ha detectado que la complicidad académica no es un hecho aislado, sino una red que se extiende por 22 universidades públicas españolas. Los nodos de poder han convertido sus departamentos en apéndices del lobby en la Universidad de Sevilla, Universidad de Barcelona, Universidad de Granada, Universidad de Almería, Universidad Autónoma de Barcelona, Universidad del País Vasco, Universidad de Valencia, Universidad de Santiago de Compostela, Universidad de Zaragoza, Universidad de Valladolid, Universidad de Salamanca, Universidad de Murcia, Universidad de Málaga, Universidad de Alicante, Universidad de Castilla-La Mancha, Universidad de Extremadura, Universidad de La Laguna, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Universidad de Oviedo, Universidad de León, Universidad de Cantabria y Universidad de las Islas Baleares. En todas ellas opera la misma «jerarquía de la infamia»: profesores con triple militancia —universitaria, asociativa y política— que garantizan que el mensaje del lobby sea la única voz autorizada, silenciando cualquier crítica.
IV. La estafa del debate: El cobarde anonimato del lobby
La consigna de una «Universidad sin censura» no fue más que un eslogan diseñado para abrir las puertas a la propaganda. La realidad es mucho más oscura. Ya nadie se cree la farsa de la «neutralidad» tras episodios como el de A Coruña; aquello fue un ejemplo tan burdo que dejó claro que su supuesto «debate» no era más que un acto de adoctrinamiento financiado. Ese nivel de desprestigio es el que ahora intentan ocultar con tácticas cada vez más opacas.
El caso del Laboratorio de Antropología (HUM-472) de la Universidad de Almería es la prueba definitiva de su proceder: bajo el amparo institucional del Ministerio de Igualdad, orquestaron un ciclo de nueve charlas sin que nadie asumiera la responsabilidad de firmarlas. Es el anonimato burocrático como escudo. Utilizan el prestigio y los recursos de la Universidad Pública para sus fines, pero se esconden tras unas siglas administrativas en cuanto se les requiere transparencia. Es una contradicción inaceptable: exigen libertad de cátedra para difundir sus tesis, pero carecen de la mínima valentía ética para respaldarlas con su nombre. Su opacidad es absoluta; han borrado todo rastro, convirtiendo el derecho al acceso a la información pública en una barrera infranqueable. No estamos ante un debate académico, sino ante un ejercicio de cobardía política: se ocultan porque saben perfectamente que su discurso no resiste el menor rigor intelectual frente a un escrutinio público.
V. La resistencia feminista: Una lucha de cuerpo a cuerpo
Durante años, mientras las instituciones cerraban sus puertas y los despachos académicos se blindaban tras la propaganda regulacionista, ha sido el feminismo quien ha ejercido, por pura convicción y en absoluta soledad, de muro de contención. Hemos tenido que ir a los juzgados, organizar jornadas y alzar la voz en charlas donde el debate estaba prohibido antes de empezar. Ha sido un trabajo de trinchera, realizado con recursos propios, asumiendo una responsabilidad inasumible: ser la única barrera frente al fraude sin más herramienta que nuestra voz.
Y sobre todo, hemos tenido que aguantar la estafa de la «neutralidad». Cuando buscas apoyo en profesoras que se dicen progresistas, muchas se escudan en un «prefiero ser neutral». Esa supuesta neutralidad es una mentira diseñada para lavarse las manos mientras el lobby hace su trabajo sucio. No estamos ante dos posturas debatiendo: esto es el feminismo frente a quienes han decidido que el cuerpo de las mujeres es una mercancía. Quien se pone de perfil ante la explotación, ya ha tomado partido.
VI. La trampa del silencio: ¿Un repliegue estratégico o el final de su impunidad?
Hoy, en 2026, el mapa es desigual. Tras años de presión, muchas plataformas de «Universidad sin censura» han borrado su rastro digital y han disuelto sus estructuras visibles. Lo venden como un triunfo de la gestión, pero sabemos la verdad: no se han ido, se han replegado. Han aprendido que, cuando ponemos el foco en el dinero y en las actas, el fraude queda al descubierto. Sin embargo, en ciudades como Barcelona, la maquinaria sigue funcionando a pleno rendimiento. Que hayan apagado el foco en algunas facultades no significa que el teatro haya cerrado; simplemente han cambiado las luces.
Creen que la Universidad es un cortijo que se blinda con cátedras y siglas, pero olvidan que la verdadera autoridad emana de la coherencia. Nos han dejado solas en el camino, pero esa soledad ha sido nuestra mayor escuela: nos ha hecho más fuertes y más implacables. Han intentado comprarnos con silencio y borrarnos del mapa académico, pero aquí seguimos. No es solo dinero público lo que estamos reclamando; es el derecho a que las aulas vuelvan a ser espacios de ciencia y no de explotación. Que sepan que nuestra lucha no es una moda presupuestaria: es una convicción innegociable. No vamos a descansar hasta que cada rincón de nuestra Universidad sea devuelto a la dignidad y cada euro malversado sea rendido ante la luz. Han despertado a una generación de feministas que ya no pide permiso para entrar, porque sabe perfectamente que la Universidad es nuestra.
La investigación continúa. En la próxima entrega responderé, a la pregunta que la academia andaluza y estatal pretendía esconder:
¿Quién abrió aquellas puertas?



