“El problema es que como los europeos llevamos suicidándonos económica y políticamente desde finales de los 90, no tenemos con que pagar loque cuesta sostener nuestros muy bonitos pero muy vilipendiados ideales. Y es que Europa ya no se sabe ni donde está ni lo que es, y lo que es peor, aún ni siquiera hemos acabado de caer”.
Lo peor del lamentable espectáculo del que está siendo protagonista la Unión Europea esta última semana, al hilo de la guerra de Ucrania, es que dicho ridículo era tan inevitable como esperado. No podíamos acabar de otra manera.
Europa está siendo suicidada desde hace años por personajes siniestros e infectos como Úsrula von der Leyen o nuestro conocido Josep Borrell, que, con sus nefastas acciones y sus más aún nefastas inacciones, nos han convertido en el lameculos oficial de Estados Unidos. En realidad, ni siquiera en el lameculos de EEEUU, ese papel es oficialmente de los británicos. Éramos los sirvientes esclavizados de la administración Biden, siempre tan decrépita y asquerosilla como el señor que le daba nombre.
Así como entre los 60 y los 90, los estadounidenses tomaron América Latina como su patio trasero, desde que se inició el S.XXI USA tiene a Europa directamente como su cagadero infecto, pero, además, voluntario y cedido por la estúpidamente bien pagada y alimentada burocracia dorada de Bruselas, que no ha hecho más que fomentar la “europafobia” entre los propios habitantes del viejo continente.
Desde hace casi cuatro años estamos arruinando el continente entero en el altar de Zelensky porque le venía bien a los negocios de la familia Biden. Y se demuestra que así es y que habría total ausencia de ideología o romanticismo político en la intervención europea en Ucrania, cuando esta semana, y tal y como sentenció Trump, en 24 horas iba a acabar con la guerra en Ucrania, dijera loque dijera Europa. Porque ya no les sale rentable, porque el paradigma del mundo ha cambiado y que, si queremos seguir jugando a los soldaditos de plomo, que nos lo paguemos nosotros.
El problema es que como los europeos llevamos auto boicoteándonos económica y políticamente desde finales de los 90, no tenemos conque pagar lo que cuesta sostener nuestros muy bonitos pero muy vilipendiados ideales. Y es que Europa ya no se sabe ni donde está ni lo que es, y lo que es peor, aún ni siquiera hemos acabado de caer.
No sólo desde Bruselas se empeñan en arruinar cualquier atisbo de actividad económica que se alaga de la lista de lobbys que a la nobleza europarlamentaria de llenan los bolsillos, sino que nuestro eurocentrismo cateto no deja de tener cámaras de eco en los medios de comunicación autorizados por el absolutismo de la Comisión. Y cada vez pintamos menos y cada vez estamos más descolocados ante un nuevo orden mundial que se ha reconfigurado como no lo había hecho desde que se firmó la Paz de Versalles en aquel vagón de tren y que tuvo las nefastas consecuencias que todos sabemos.
Si tenemos que buscar una fecha y lugar en la que todo se empezó a ir al carajo en este bello continente no hay duda que fue en Francia en 2005, cuando una disputa interna del partido socialista francés, que ya casi ni existe, dio al traste con el proyecto de Constitución Europea. Y desde ahí, todo ha ido siempre a peor.
Y ahora, que todas las circunstancias obligan a replantear una Europa más fuerte, más política, más industrializada y más real, nos encontramos a todos nuestros dirigentes haciendo patéticas pataletas de niño malcriado en Múnich, negando la realidad y dejándonos a todos a la deriva en un mundo de gigantes como USA, Rusia, China y alguno más, que se nos van a merendar en un pis pas.
Y es que desde que Borrell instauró la censura en la Unión Europea, cortando la señal de canales que ni siquiera EEUU cortó nunca, ya no teníamos razón para existir. Más allá de que los millones de europeos tenemos que seguir cubriendo de oro a los tragapanes de Bruselas y La Haya.
Es cuestión de supervivencia una Europa más fuerte, más rica y sí, con más inversión en defensa. Pero con los esperpentos que tenemos al frente del continente, a los que ni Valle Inclán hubiera dado crédito portal nivel de degradación que practican, no saldremos nunca del agujero.
Quien sabe, a lo mejor al vecino Moha le da por pintar sus fronteras incluyendo Canarias, Ceuta y Melilla y entonces sí que nos vamos a acordar de no haber puesto el dinero que tocaba en la OTAN o de haber huido de la idea de un ejército europeo, en pro del “hipismo posmolerdo” y corrupto imperante.
Europa está bragas ante el nuevo orden. Eso sí, unas bragas carísimas.



