
El alquiler de vientres, capricho de adquirir un ser humano a la carta, es la sublimación del capitalismo salvaje, donde los seres humanos son convertidos en mercancía, incluso antes de nacer. No somos incubadoras, ni vasijas, ni úteros o vientres de alquiler: somos mujeres, vidas humanas con las que pretenden montar un nuevo negocio que lucrará al más fuerte y someterá a las mas débiles.
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