En la localidad de Llicà d’Amunt
La Policía Nacional libera a un hombre encerrado en un establecimiento bajo promesa de un contrato laboral
- El dueño del establecimiento imponía coercitivamente un horario de trabajo consistente en 13 horas diarias, trabajando todos los días de la semana, sin descanso ni vacaciones.
- La víctima llevaba diez meses en España de los cuales ocho había estado trabajando en el establecimiento bajo la promesa de un contrato laboral.
- El jefe le había pedido la cantidad de 10.000 euros para realizarle un contrato de trabajo. El trabajador no percibía remuneración por las horas que trabajaba, únicamente comida, generalmente, la sobrante del establecimiento y un lugar donde alojarse.
Agentes de la Policía Nacional han detenido en la localidad de Llicà d´Amunt (Barcelona), al dueño de un establecimiento de comida rápida que tenía retenido de manera ilegal, a su empleado.
El detenido, tenía al trabajador en situación irregular y éste no percibía salario alguno como remuneración por las más de 13 horas que trabaja diariamente, siendo únicamente recompensado con comida, que solía consistir en restos de la sobrante del establecimiento y un lugar donde alojarse. La víctima reconoció a los agentes que vivía en la parte posterior del establecimiento y que el jefe por las noches cerraba el local con llave por fuera, no pudiendo salir, como posteriormente se confirmó, cuando descubrieron que en la parte trasera del local había una estancia habilitada como dormitorio, con colchones, ropa y demás enseres personales, con evidentes indicios de que se encontraba habitada, y en malas condiciones de higiene y salubridad.
La víctima también manifestó que el jefe le “metía miedo” y le decía que no saliese del local, ya que podría ser detenido por la policía y tener dificultades para regularizar su situación. De esta manera y a pesar de que el declarante aparentemente consentía esta situación, el miedo que le generaban las amenazas y advertencias por parte de su empleador, así como su dependencia económica y su situación irregular, contribuyeron a que la libertad ambulatoria de la víctima se viese suprimida y limitada a dicho establecimiento.
Cuando los agentes realizaron la inspección en el local, pudieron comprobar in situ que la víctima no tenía contrato de trabajo ni estaba dado de alta en el sistema de la Seguridad Social, manifestando éste que el jefe le había pedido la cantidad de 10.000 euros para realizarle un contrato de trabajo.
Asimismo, la víctima manifestó que llevaba diez meses en España, donde llegó de manera irregular, de los cuales ocho había estado trabajando en el establecimiento bajo la promesa de que le iban a hacer un contrato laboral. Igualmente manifestó que su jefe le propinaba golpes y le profería insultos y amenazas por motivos tales como que no había limpiado correctamente el baño y que, cuando le pidió ropa de invierno porque ya hacía frío por las noches, le dijo que aguantase, que no se iba a morir por el frío y, sobre la falta de salubridad del local, le decía que no se preocupase que tampoco le iban a atacar las ratas.
El trabajador reconoció a los agentes que se encontraba en una situación de vulnerabilidad económica y personal, y que las condiciones en las que vivía y trabajaba eran ilegales pero que necesitaba el trabajo para poder subsistir en España, ya que de esta manera disponía al menos de alimentación y un lugar donde vivir.
Dicha conducta por parte del empleador, ejecutada asimismo en un contexto de explotación laboral y abuso de superioridad, excede del ámbito meramente laboral y pudiera ser constitutiva de un delito de detención ilegal, al mantener al perjudicado en una situación de sometimiento y ausencia de libertad real.
La víctima ha sido puesta a disposición de los servicios sociales donde ha podido recibir los recursos recogidos normativamente. El detenido ya ha sido puesto a disposición judicial.



