Los therians y el circo

Es de vital importancia que los reincidentes por violencia machista no vuelvan a pisar la calle

Hace unos días saltaba a la palestra mediática en forma de noticia: LOS THERIANS. Recorriendo ciudades de todo occidente y propagándose a través de, cómo no, internet, nos enteramos de que personas, sobre todo adolescentes por el mundo adelante, dicen sentirse y ser animales. Ataviados con caretas, colas falsas o el atuendo que crean necesario se mueven por las calles corriendo y ladrado, si se identifican con un perro o aullando, si dicen ser un lobo o el animal que cada uno elige ser o sentir.

Los vídeos de encuentros de estos adolescentes con problemas y disfraces en países como Argentina han llegado hasta nosotros para dejarnos pensando a la mayoría sobre a donde nos llevan las nuevas generaciones de humanos. Pero el fenómeno que ya existía en lugares como Australia hace muchos años sin que nos lo enseñaran en las noticias, ha resultado ser una nueva forma de tenernos entretenidos. Es difícil no sobresaltarse ante la primera noticia de tal estupidez y el morbo mueve montañas lamentablemente. Así que quien haya metido esto en los medios de comunicación ha conseguido lo que quería, hacernos mirar hacía esas personas y no para los miles de problemas reales que nos abruman.

La semana pasada aparecieron carteles con eventos de encuentros therian como salidos de la nada. Citas con fechas y lugares concretos se han paseado por las redes sociales, todo dentro de lo normal si este fuera un fenómeno o moda con adeptos que quieren conocerse más allá de las redes sociales detrás de las que media humanidad se esconde. Pero cuando ha llegado el momento de esas quedadas cientos de curiosos han aparecido para ver a esas extrañas personas, a esos jóvenes que dicen ser lo que no son y que juegan a correr a cuatro patas, perseguir pájaros o interactuar con perros reales. El absurdo ha sido de tal calibre que en alguna de estas quedadas no ha aparecido ni un triste therian, con lo que los curiosos que esperaban reírse de estos adolescentes con tiempo libre y pocas ganas de trabajar, se han quedado viéndose los unos a los otros, entreteniéndose entre ellos, porque resulta que eran los verdaderos protagonistas de todo esto. Esa es mi sensación más sincera al respecto. Las caretas de peluche y quienes las portan no son quien importa aquí realmente sino la masa de gente que le ha dedicado y dedica demasiado tiempo. Deben estar en horas bajas los realities tipo “La isla de las tentaciones”, “Gran hermano” o la última gran novedad vergonzosa para la humanidad “La casa de los gemelos”. En este caso ante la promesa de ver en carne y hueso a los personajes principales, lo therians,  el público ha salido por cientos a la calle buscando su cuota de entretenimiento hasta el punto de intentar perseguir personas como quien caza pokémons.

Todas y todos somos los protagonistas ante un fenómeno que aquí es más que residual, que casi ni existe, y que de hecho no ha tenido representante alguno en ciudades de España. Ante todas las locuras con las que nos condenan nuestros gobernantes, los therian han resultado ser un circo muy breve con el que tenían pensado entretenernos una temporada.

Como seres humanos sociales que somos es difícil no fijarse en el hecho de que existan personas o grupos que renieguen de la especie animal que compartimos, la humana. El aspecto de estas personas hace que sea difícil dejar de verlos y pensar acerca de que tienen en la cabeza y porqué estas últimas generaciones de jóvenes se niegan a vivir en el mundo real y se dedican a reclamar ser lo que les place en vez de aceptar lo que son. Por supuesto que el acontecimiento nos lleva a la historia más reciente de este país, cuando unas personas que se hacían y hacen llamar trans, queers, no binaries y similares decían y dicen ser lo que no son en base a sentimientos imposibles de demostrar y por ello exigían y aún exigen ser tratados en base a sus creencias. Estábamos acostumbrados a estas cosas y después de lo vivido resulta una consecución lógica de lo anterior. Estábamos preparadas y preparados para recibir a otra horda de jóvenes que contagiados a través de redes sociales y buscando salirse del personaje al que la sociedad les había relegado decían ahora ser animales como antes dijeron tener otro sexo.

Aunque finalmente no ha resultado ser como lo que padecemos desde la “ley trans”,  sino una excepcionalidad absurda que se ha pretendido hinchar desde los medios de comunicación que ya sabemos para qué y para quienes trabajan. Los observados y con los que han estado experimentando éramos las personas que miran y pierden el tiempo. La grandísima mayoría nos parecemos en este caso más al perro de Pavlov, que alguno de los 50 adolescentes que tendremos repartidos por la península diciendo ser un animal.

Mientras el mundo se cae a pedazos, se mata de las mil y una maneras, se confirma que los líderes internacionales tienen menos empatía que una ameba y que somos simples peones a los que no importa mandar a morir a una guerra, nos han tenido jugando con sus juguetes.  Lo preocupante en el cutre fenómeno del que hablamos es lo mismo que nos debía preocupar hace dos semanas sobre la juventud que tenemos, que estamos perdidos ante una sociedad que opta por escapar de sus problemas disfrazándose una y otra vez, como si esto fuera un carnaval perpetuo. La deriva de las nuevas generaciones plantea muchas preguntas con respuestas que no están claras y que deberíamos ocuparnos de cambiar cuanto antes. Los adolescentes se convierten en juguetes y el resto se entretiene con ellos. Salirse de la ecuación es obligatorio para la mejora de nuestra sociedad. Analizar desde fuera el problema y pensar porqué ocupan las noticias con la de cosas importantes que pasan en nuestras ciudades y pueblos de las que nadie escucha hablar, es nuestro cometido.

Al mismo tiempo que esto pasaba, otra reivindicación recorría las redes sociales pero como duele ser conscientes de ella, la mayoría no se ha querido parar ahí. Hay otro tipo de niños y jóvenes pidiendo con voces que se quiebran por el dolor una cuestión que es de vida o muerte. Piden que el estado pague una medicación que les ayudaría a sobrellevar una vida de pesadilla. La enfermedad que padecen se llama epidermólisis ampollosa, conocida como la enfermedad de la piel de mariposa. Pacientes jóvenes que la padecen reclaman ayuda mostrando sus rostros y sus cuerpos llenos de heridas. Mostrando sus lesiones, mostrando la evidente pérdida de partes de lo que son. Señalando con sus manos sin dedos a la injusticia que es que no se considere su situación lo suficientemente importante como para pagar una medicina que ya se administra en otros países europeos. Son jóvenes que consumen los medicamentos más severos para luchar contra el dolor. Si hubiéramos salido a la calle a gritar por tal injusticia en vez de ir a perseguir pokémons este mundo sería un lugar mejor, pero está claro que no lo es.

Mientras miramos caretas de peluche de adolescentes que no quieren crecer, otros adolescentes como Dunia o Leo rompen su privacidad para que miremos lo cruel de su situación. El medicamento que necesitan se llama VYJUVEK y si existe un responsable de que infantes y adultos con esta enfermedad se encuentren en dicha situación se le debería caer la cara de vergüenza.

Que no nos entretengan con caretas cuando hay quien enseña su piel.

Iria Bragado – activista social, feminista y poeta.

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