Mamá, papá, de mayor quiero ser prostituta

¿Acaso no matan a los caballos?

¿Se imagina que su hija de seis años le diga esto? ¿O que lo contestara ante la recurrente pregunta que se les hace a todas las criaturas de “tú qué quieres ser de mayor”? ¿O que les dijera que quiere hacer una FP de prostitución? Sin embargo, muchísimas personas apoyan el dar estatus de trabajo a la prostitución. Es posible que usted sea una de esas personas.

Pero ¿es consciente de lo que está apoyando? ¿Sabe realmente qué es el prohibicionismo, el regulacionismo y el abolicionismo? Por si acaso no lo sabe, allá que vamos. Y de paso, explicaré por qué la prostitución no es un trabajo.

Comencemos por el principio. Quienes defienden la prostitución como un trabajo, separan la trata de ésta, obviando que la trata es consecuencia directa de la explotación sexual; ninguna mujer nace para ser puta ni el número de mujeres que quieren ejercerla de forma“voluntaria” (y nótense las comillas) alcanza la demanda.

Mientras en 2025 el número de organizaciones criminales especializadas en trata y explotación laboral desarticuladas asciende al nada desdeñable número de 23 con 393 víctimas liberadas, más otras 618 sin estar vinculadas a ninguna red (un total de 1011 personas, 3 de ellas menores), se desarticularon 87 grupos y organizaciones criminales especializadas en trata y explotación sexual con 1869 víctimas liberadas, 25 de ellas menores (sin contar con las víctimas liberadas sin vinculación a ningún grupo). Es decir, la rata sexual supera con creces la trata laboral que implica a todas las actividades laborales.

Es importante señalar que es el tercer negocio más lucrativo del mundo, por detrás del narcotráfico y el tráfico de armas.

¿Cómo se combate esto?

Prohibicionismo

Consiste en prohibir totalmente la prostitución. Se persigue tanto a la prostituta, como al putero y al proxeneta, con multas y penas de cárcel. Un ejemplo de dicho sistema es el implantado en Estados Unidos (excepto el estado de Nevada, donde la prostitución es legal). No aporta medidas de prevención ni ayudas a las mujeres explotadas. Convierte la prostitución en una actividad clandestina con consecuencias muy negativas para las mujeres prostituidas.

Regulacionismo o legacionismo

El regulacionismo otorga a la prostitución el estatus de trabajo, es decir, busca una legislación que permita la contratación de la mujer prostituida como trabajadora por parte del dueño del burdel. Aunque dice que pretende otorgar derechos laborales a las mujeres explotadas, lo cierto es que, aquí en España, dichas mujeres tienen acceso a esos derechos (cosa distinta es que la mayoría lo desconoce puesto que a los proxenetas no les interesa que lo sepan). En realidad, el regulacionismo transforma al proxeneta en empresario respetable. Además, camufla los datos sobre la trata, ya que al ser trabajo, aquellas víctimas desplazadas desde otros países bajo la promesa de un trabajo dejan de ser víctimas de trata, puesto que se encuentran con un “puesto de trabajo” y han venido de forma voluntaria, y transforma la mayor parte de la trata sexual que queda en trata laboral.

Las trampas al solitario, vaya. Curiosamente, no ofrecen un protocolo de prevención de riesgos, epis (equipos de protección individual), etc. Sólo se centran en la posibilidad de contratar. Tienen como ejemplo de países regulacionistas Holanda, Alemania y Nueva Zelanda donde la trata ha aumentado de forma considerable.

Abolicionismo

El abolicionismo busca erradicar la prostitución persiguiendo al putero y al proxeneta.

Propone planes de formación, habitacionales y económicos para facilitar la salida de la mujer del mundo de la prostitución. No persigue a la mujer prostituida y propone medidas de protección extraordinarias para las mujeres traficadas y/u obligadas. El planteamiento es que sin oferta no hay demanda. Está comprobado que la trata se reduce de forma drástica (el proxeneta no tiene posiblidad de anunciar su mercancía) y la legislación modifica la interpretación sobre la misma (el número de varones que lo considera una actividad lícita se reduce significativamente). Tienen como ejemplo de países abolicionistas Francia y Suecia.

¿Qué situación tenemos aquí en España?

En España la prostitución es legal, aunque no es un trabajo. No obstante, existen las llamadas “tercerías locativas” (hoteles donde las mujeres son prostituidas pero el dueño no cobra a los clientes, cobra a la mujer por la habitación, las sábanas, limpieza… el burdel de toda la vida, pero camuflado). También permite que la mujer prostituida pueda darse de alta en autónomos, lo que le otorga los mismos derechos que cualquier trabajador por cuenta propia. España es lo que podemos llamar un estado proxeneta.

¿Por qué no es un trabajo?

La definición de trabajo es la actividad física o intelectual que las personas realizan para alcanzar un objetivo o satisfacer una necesidad, utilizando los medios de producción necesarios para producir bienes (productos tangibles, como una manzana) y servicios (productos intangibles, como una revisión médica).

Bienes

Son tangibles y pueden ser transportados. Casi siempre se agotan en su consumo. Son medibles, contables y divisibles. Tienen normalmente un precio por unidad.

Servicios

Son intangibles y no pueden ser transportados. No se agotan en su consumo.    Son medibles, pero no contables ni divisibles. Tienen normalmente un precio por período de tiempo.

El tema está en que la prostitución no produce ningún producto y, además, no existe el medio de producción (es el propio cuerpo de la prostituta). Además, si realmente fuera un trabajo daría igual que nos atendiera una mujer de veinte años o un hombre de sesenta, cosa que no ocurre.

La voluntariedad que se esgrime como excusa para defenderla como trabajo es, además, anecdótica. Un número grande de dichas “voluntarias” presentan cuadros de abusos infantiles, violaciones sistemáticas, necesidad extrema y/o adicciones. Si bien estos casos no son trata, no deja de ser una forma de autoesclavitud impuesta desde la sociedad. Por lo que legislar y dar estatus de trabajo a una de las formas más cruel y dañina de esclavitud porque un puñado de mujeres lo elijan con plena libertad (las mínimas) no sólo daña a las mujeres en situación de prostitución, sino a todas las mujeres al transformarnos en mercancía usable y alquilable, además de asumir que, mediante un billete, un hombre tiene todo el derecho a usarnos y desecharnos. Recordemos que el sexo debe ser deseado, no consentido (consentir es aceptar algo que no quieres), y mucho menos si dicho consentimiento está viciado por el miedo, el hambre, las adicciones y la necesidad.

La prostitución no es el trabajo más antiguo del mundo. Es la forma de explotación y esclavitud más antigua del mundo. No lo olvidemos.

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