
El Agente Secreto (O Agente Secreto, Kleber Mendonça Filho, 2025)
¿Ver?
No sé. Por una parte, es esa buena película que de repente sale de Brasil y que encuentra resonancia en las grandes ligas, tanto por calidad como por nexos nacionales con el festival que la impulsó (Cannes-Francia, vaya).
Pero por otra, no sé si lo que pasa en pantalla justifica las 2.40h que dura y además, tiene un gran pedo que veo que viene repitiéndose en el cine ‘grande’ y que espero que se supere a la brevedad posible. Más adelante ahondo en ello.
¿Volver a ver?
No, pero hay una lista que contiene el soundtrack y el score original y está bieeeeen chingona, recomiendo ampliamente para tripear caminando a gustito.
¿Por?
La producción de la película es IMPRESIONANTE, te lleva al Brasil de 1977 y, aunque nunca estuve ahí a pesar de que soy más viejo que el cagar, uno cree con fervor que así era exactamente. El soundtrack y el score, impolutos. El ensamble actoral es exquisito, dios bendiga al ya petateado Udo Kier y a esa señora que se llama Tania Maria… es como mi tía Carmen. Chingonsísima. La fotografía, buena a secas, porque hay un par de tomas donde falla.
La actuación de Wagner Moura… sobresaliente. No brillante, porque la naturaleza del personaje es contenida, pero el vato sí merece premios y la alabanza de Latinoamérica entera este año. Obrigado Amigo Voce e um Amigo, dice el meme. No creo que deba llevarse el premio de la NACAdemia gringa, pero gran chamba, carnal.
¿Los grandes peros? Primero, se siente plana pero llena de vida, valga la contradicción, en varios pasajes, pudo durar 20 minutos menos, yéndome tranquilo.
Y segundo y más importante, no llega a fondo porque no se atreve. Nunca quiere ser un thriller, o una comedia, o una película de denuncia o simplemente un debraye por un pasado más culero, pero colorido.
Y me preocupa, porque es la segunda película ‘grande’ que veo últimamente que padece de esto mismo, después de Mickey 17 de Bong Joon-ho. Quiero creer que son 2 ejemplos puntuales y no una corriente posmo que vaya a hacer escuela en el cine.
A ver, NO quiero que me expliquen las cosas, que para eso tenemos a los pendejos de Netflix repitiendo en pantalla lo que sus personajes hicieron, hacen y van a hacer -esto es cierto, búsquenlo en Internet-, para que los subnormales que están chateando no se pierdan la mierda que avientan a la pantalla, pero sí quiero, necesito como buen puto intenso inmamable, que si tienes una visión y una historia que contar, te vayas hasta el fondo de las consecuencias de la misma.
Y con ello no me refiero tampoco a que necesito que me digan por qué o cómo pasó X cosa en la película, que si a esas nos fuéramos no sería niño Lynch ni despreciaría tanto la mierda aquella que hizo Cameron Crowe, Vanilla Sky, con la gringuización de la superlativa Abre Los Ojos, de Amenábar.
No, solo quiero cine que se comprometa con la visión del loquito que hizo el pitch, de la bola de cabrones que lo produjeron y de los chingados funcionarios de gobierno que la subvencionaron. El talento de Moura y la música son lo más visible de una película que entierra, en secreto, la grandeza que pudo tener.
Menos mal que Ciudad de Dios se filmó en 2002.
Choose Life.



