
¿Quién abrió las puertas al lobby proxeneta de la universidad española entre 2019-2024?
Entrega V. El mapa definitivo. La mano que mece la cátedra
Por Mayca Romero Sánchez de la Campa
Activista feminista
PARTE I
Cuando el mapa dejó de señalar universidades
Hay un momento en una investigación en el que dejas de buscar lo que creías que estabas buscando.
A mí me ocurrió cuando terminé de colocar las veintidós universidades sobre el mapa.
Durante meses había perseguido carteles, programas, jornadas, departamentos y nombres. Había ido universidad por universidad intentando reconstruir cómo había conseguido extenderse Universidad Sin Censura.
Pensaba que el mapa iba a seguir creciendo.
Pero ocurrió justo lo contrario.
Cuando terminé el mapa, la historia se hizo más pequeña.
Porque detrás de ciudades distintas, facultades distintas y departamentos distintos empezaban a aparecer algunas de las mismas personas.
Las mismas entidades.
Las mismas relaciones.
Y entonces comprendí que llevaba meses mirando el lugar equivocado.
Creía que estaba investigando universidades.
No era así.
Tenía que seguir a las personas.
Porque las universidades permanecen en un lugar.
Las personas se mueven.
Y cuando empecé a seguirlas, aquella sucesión de actividades empezó a convertirse en otra cosa. Un nombre me llevaba a una asociación.
Una asociación aparecía en una jornada. La jornada me llevaba a otra universidad. Y allí volvía a encontrar un nombre que ya estaba en mis documentos. Tiraba de un hilo. Después de otro. Y otro. Hasta que dejé de encontrar simplemente actividades.
Empecé a encontrar trayectorias.
Y entonces apareció una fecha que llevaba meses delante de mí. Una fecha anterior a las veintidós universidades. Anterior incluso a Universidad Sin Censura. Granada. Octubre de 2018.
I. Granada. La fotografía que siempre estuvo delante
Había olvidado aquella fotografía. Hace unos meses me la recordó una amiga. Volví a buscarla. Y allí estaba, Granada, octubre de 2018.
Por entonces acababa de nacer el sindicato OTRAS y comenzaba una batalla jurídica en torno a su inscripción. L’Escola, con Nuria González al frente como abogada y presidenta, llevó aquella cuestión a los tribunales desde una posición abolicionista.
Mientras esa batalla se desarrollaba, en Granada se reunían APDHA, Acción en Red Andalucía y Amnistía Internacional, junto a representantes del Colectivo de Prostitutas de Sevilla, AFEMTRAS y Hetaira, profesorado universitario, representantes institucionales y Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR.
También participaba un fiscal delegado de Extranjería e Inmigración de Jaén y coordinador del Grupo Local de Jaén de Amnistía Internacional. En aquel momento podía parecer una jornada más. Una fotografía más entre cientos de documentos. Pero meses después, cuando terminé de reconstruir las veintidós universidades, volví a mirarla, y entonces la fotografía había cambiado, no habían cambiado sus protagonistas.
Había cambiado mi mirada.
Porque algunos de aquellos nombres y organizaciones volverían a aparecer en el mapa que yo había estado construyendo. No siempre juntos, no siempre en el mismo lugar, pero aparecían. Y comprendí que Granada no era una actividad perdida en 2018.
Era una fotografía tomada antes de que yo supiera que estaba buscando un mapa.
II. Cuando los nombres empezaron a moverse
A partir de ahí cambié la manera de investigar, ya no quería saber solamente quién había participado en una jornada. Quería saber dónde volvía a aparecer. ¿Qué asociación había detrás?, ¿Qué grupo de investigación?, ¿Qué plataforma?, ¿Qué manifiesto?, ¿Qué otros espacios ocupaba?. Y entonces una organización comenzó a aparecer una y otra vez: la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, APDHA. No aparecía únicamente como entidad, también aparecía a través de personas vinculadas al ámbito universitario. Uno de los ejemplos más claros era Diego Boza, profesor de la Universidad de Cádiz y delegado de APDHA en Cádiz durante buena parte del periodo investigado. Universidad y organización asociativa aparecían unidas en una misma trayectoria.
Después apareció Ruth Mestre, profesora de la Universitat de València y miembro de la Junta Directiva de APDHA, y volví a mirar el resto de nombres. En Granada, María Luisa Maqueda Abreu y María Teresa Díaz Aznarte, en Sevilla, Emma Martín Díaz y Blanca Rodríguez Ruiz., en Almería, Estefanía Acién, en Valencia, Arantxa Grau i Muñoz, en Barcelona, Iñaki Rivera Beiras, en la Autónoma de Barcelona, Rocío Medina Martín y Patsilí Toledo, en el País Vasco, Jokin Azpiazu Carballo, en Oviedo, Ludivina Valvidares Suárez, en Cádiz aparecían María Acale Sánchez y Francisco Vázquez García y en la Universitat Rovira i Virgili, Bárbara Biglia. No todos ocupaban el mismo lugar. No todos tenían las mismas responsabilidades. No todos pertenecían a las mismas organizaciones. Y una coincidencia, por sí sola, no demuestra una coordinación. Pero cuando las trayectorias empiezan a cruzarse una y otra vez, sí hay algo que investigar. Porque entonces la universidad deja de parecer un espacio aislado. Aparecen personas que transitan entre universidad, asociaciones, investigación y debate público, y eso me llevó a una pregunta que no había formulado al principio:
¿Qué ocurre cuando quienes tienen capacidad para abrir las puertas de una universidad también participan, fuera de ella, en organizaciones que defienden públicamente un determinado posicionamiento sobre la prostitución?
No estaba cuestionando la libertad de cátedra, estaba intentando entender cómo se ejerce. Porque una puerta universitaria no se abre sola, alguien propone, alguien firma, alguien tramita, alguien presta un departamento, alguien incorpora una actividad. Alguien dice que sí.
Las supervivientes podían poner la voz, pero las llaves estaban dentro.
III. Las supervivientes hablaban. Otros organizaban
Durante años nos han repetido una frase: «Hay que escuchar a las supervivientes», claro que sí, pero mientras terminaba el mapa empecé a preguntarme otra cosa: ¿Quién decide dónde hablan y a quién se invita?
Porque para que aquellas voces recorrieran universidades hacía falta alguien al otro lado: quien hacía la llamada, abría el departamento, organizaba la jornada y daba respaldo académico. Y entonces miré los nombres, María José Barrera. Ninfa. Una y otra vez aparecían las mismas voces, vinculadas a un mismo posicionamiento favorable al reconocimiento del llamado trabajo sexual.
Así que la pregunta cambió: ¿Dónde estaba la pluralidad que se anunciaba?
No se trataba de negarles la palabra. Se trataba de mirar quién elegía las voces que llegaban a las aulas. Porque elegir a quién escuchar también es construir el debate. Y entonces apareció otro documento. Uno que hablaba de nosotras.
IV. El documento que me devolvió a Cádiz
Y en mitad de la investigación apareció otra sorpresa. Un comunicado de APDHA publicado en 2021 sobre los posicionamientos de Cádiz Abolicionista.
Cinco años después, yo no sabía que existía, y me hizo gracia descubrirlo precisamente ahora, cuando llevaba meses siguiendo documentos, nombres y trayectorias. Porque en 2021, mientras nosotras estábamos en Cádiz haciendo activismo y defendiendo que los cuerpos de las mujeres no se compran ni se venden, APDHA decidió fijar públicamente su posición frente a la nuestra.
Nosotras resistimos, ellos escribieron un comunicado, y cinco años después, aquel comunicado apareció en mi investigación. Lo leí y pensé que tenía que guardarlo. No porque hubiera cambiado nada. No lo cambió.
Cádiz Abolicionista siguió haciendo lo que hacía: organizando, denunciando, dando la batalla y defendiendo el abolicionismo en nuestra ciudad. El comunicado quedó donde quedan tantos documentos cuando pasa el ruido: archivado.
Y quizá esa sea precisamente la mejor manera de mirar ahora aquel episodio. En aquel momento podía parecer importante para ellos. Hoy, visto desde aquí, es una pieza más del mapa para mi. Y las piezas, cuando una está investigando, no se desprecian. Se guardan.
Porque a veces un documento que no consiguió transformar nada en su momento sirve años después para entender quién estaba intentando fijar posición y desde dónde lo hacía. Y seguí tirando del hilo.
V. El mapa salió de la universidad
Entonces aparecieron los manifiestos. Y ahí la investigación dio otro salto. No era la primera vez que encontraba documentos firmados por personas y organizaciones que ya estaban en el mapa. Pero uno de ellos hizo que levantara la cabeza. «Escuchar para legislar».
Ya no estaba ante una jornada, ya no estaba ante un programa universitario. Estaba ante una propuesta política.
El manifiesto defendía el reconocimiento del llamado trabajo sexual y planteaba cambios legislativos, y su recorrido no terminó en las asociaciones. Llegó al Congreso de los Diputados. En 2022 fue citado en la Comisión de Igualdad durante el debate parlamentario, y entonces entendí que el mapa tenía una dimensión que no había visto cuando empecé: La universidad era un espacio, las asociaciones eran otro, los manifiestos eran otro y el Parlamento era otro.
Las ideas viajaban, cambiaban de escenario, cambiaban de interlocutor, pero algunas de las personas y organizaciones volvían a aparecer y ahí estaba el verdadero descubrimiento. Yo había empezado esta investigación intentando averiguar qué universidades habían participado en Universidad Sin Censura. Había tardado cuatro entregas en responder esa pregunta, pero al terminar el mapa comprendí que esa no era la pregunta importante. La pregunta era: ¿Qué ocurre cuando determinadas posiciones aparecen, una y otra vez, conectadas a personas y organizaciones que atraviesan espacios académicos, asociativos y políticos?
Y esa pregunta ya no podía resolverse dentro de las universidades. Porque el mapa acababa de salir de ellas. La investigación sobre las veintidós universidades termina aquí. La investigación, no. Continuamos en la Parte II …
ENTREGA V. El mapa definitivo. La mano que mece la cátedra
PARTE II. Cuando el mapa salió de las aulas
Yo había ido a buscar universidades y terminé encontrando un recorrido. Porque cuando las veintidós estuvieron sobre la mesa, ya no podía dejar de seguir los nombres. Y cuanto más los seguía, más lejos me llevaban, fuera de las aulas, hacia asociaciones, hacia campañas, hacia manifiestos, hacia el debate político. Y otra vez aparecía una historia que había comenzado en 2018. OTRAS.
Su nacimiento coincidía con una batalla judicial que enfrentó a las organizaciones feministas abolicionistas con la pretensión de reconocer jurídicamente un sindicato vinculado a la prostitución.
Aquella batalla puso sobre la mesa una cuestión que atraviesa toda esta investigación: ¿puede la prostitución ser reconocida jurídicamente como trabajo?
Las feministas abolicionistas llevaron la cuestión a los tribunales. El recorrido judicial tendría después diferentes capítulos y matices. Pero algo ya había quedado claro: el debate no iba a desaparecer porque cambiara de escenario.
Podía salir de los tribunales. Entrar en una universidad. Salir de la universidad. Convertirse en un manifiesto. Encontrar apoyo social. Y llegar al debate político. Eso era lo que ahora quería seguir. No solamente dónde había estado aquel discurso. Sino qué había conseguido hacer después.
I. Cuando las aulas dejaron de ser suficientes
La universidad podía aportar algo fundamental: legitimidad. Una reivindicación política, cuando entra en una facultad, puede empezar a presentarse también como conocimiento, investigación y debate académico. Pero ninguna transformación política se sostiene únicamente con aulas. Necesita organizaciones, personas, militancia, campañas, documentos, firmas y capacidad para llevar una reivindicación hasta los espacios donde se toman decisiones.
Por eso los manifiestos adquirieron una importancia distinta. Ya no los veía como documentos aislados. Los veía como huellas del recorrido. Y al seguir esas huellas, el mapa volvía a llenarse de nombres conocidos.
II. Cuando una posición se convierte en una demanda política
«Escuchar para legislar» fue una de esas huellas. Lo importante no era solamente lo que decía. Era lo que pretendía.
El reconocimiento jurídico del llamado trabajo sexual. La modificación de las normas que afectaban a su ejercicio. Y una intervención directa en el debate legislativo.
Cuando aquel manifiesto apareció citado en el Congreso, comprendí que la investigación había cambiado definitivamente de escala. Ya no estaba siguiendo una campaña universitaria. Estaba siguiendo la trayectoria de un posicionamiento político. Y aquí tengo que hacer una distinción que para mí es fundamental. Que las mismas personas o entidades aparezcan en distintos espacios no demuestra por sí solo que exista una dirección única ni una estrategia coordinada.
Pero sí permite reconstruir algo mucho más concreto: por dónde circulan determinadas ideas, quién las sostiene y qué espacios consiguen ocupar.
Y eso era precisamente lo que yo estaba investigando.
III. Lo que no consiguieron en un lugar podía seguir intentándose en otro
Entonces volví a pensar en 2018. En OTRAS. En los tribunales. En aquella fotografía de Granada. En Nuria González. En las organizaciones que se sentaban alrededor de aquella mesa.
Y después en las universidades. En los nombres que se repetían. En los manifiestos. En el Congreso. De repente podía ver la secuencia completa: Tribunales. Universidad. Asociaciones. Calle. Manifiestos. Política.
No afirmo que todos esos espacios respondieran a una única estrategia. No necesito hacerlo. Lo que me interesa es otra cosa: que el mismo debate fue ocupando escenarios diferentes.
Y que, en algunos de ellos, volvían a aparecer las mismas personas y organizaciones. Eso es lo que el mapa permite ver.
IV. Ahora tocaba mirar qué quedaba
Y aquí termina la parte que empezó con las universidades. Pero no la investigación. Porque todavía me quedaban preguntas:
¿Qué había quedado de aquellas actividades?, ¿Qué organizaciones continuaban?, ¿Cuáles habían desaparecido?, ¿Qué personas seguían ocupando aquellos espacios?, ¿Dónde seguía apareciendo el mismo discurso?, ¿Y qué había ocurrido después de 2024?
Esas preguntas ya no podían responderse mirando únicamente los carteles de Universidad Sin Censura.
Había que volver a salir del mapa. Seguir las organizaciones. Seguir las personas. Seguir los documentos. Seguir las huellas. Y eso es lo que voy a hacer ahora. Porque esta quinta entrega cierra una investigación. Pero abre otra. La investigación sobre las veintidós universidades termina aquí. La investigación, no.
El mapa universitario está terminado. Ahora toca averiguar qué queda de todo aquello. Y esa historia todavía no ha terminado.



