
Dossier Investigación:
¿Quién abrió las puertas al lobby proxeneta de la universidad española entre 2019-2024?
Entrega III: Cuando los nombres empiezan a repetirse
Los hilos invisibles de una red académica
Por Mayca Romero Sánchez de la Campa. Activista feminista
Cuando la sospecha se vuelve evidencia
Hay un momento, cuando llevas mucho tiempo en la trinchera, en el que dejas de
buscar documentos y empiezas a encontrar las costuras del traje. Y esas costuras,
al final, siempre enseñan quién ha estado hilando la tela.
Las dos primeras entregas de esta serie sirvieron para poner los puntos sobre las
íes: las jornadas, el episodio de A Coruña que no fue una casualidad, sino el primer
ensayo de su estrategia de choque, los desaires y esa forma de llamarnos
«censoras» mientras ellos ocupaban los micrófonos públicos. Pensar que todo esto
era fruto del azar habría sido una falta de respeto a la realidad. Al cruzar los
papeles, los expedientes que he ido amontonando y ese manifiesto que han
intentado esconder bajo la alfombra, el «Escuche antes de legislar», lo que he
sentido no ha sido sorpresa, sino una confirmación: esto es una estructura
diseñada. Y cuando las piezas encajan en un puzle que ya conocías, la
investigación deja de ser un relato para convertirse en una evidencia implacable.
Del acontecimiento a la estructura
Hasta hoy había contado lo que pasaba: quién puso el cartel, quién alquiló el salón
de actos. Pero eso solo es la superficie, el ruido de fondo. La verdadera lección, la
que no enseñan en sus clases de Derecho, es que los acontecimientos importan
poco si no ves el armazón que los mantiene en pie.
Barcelona ha sido la pieza que ha terminado de confirmar el tablero. Allí, al mirar
con lupa, ves una red que se entreteje entre la Universitat Autònoma y la de
Barcelona. Ahí están Patsilí Toledo, Maria Barcons Campmajó, Rocío Medina
Martín, Iñaki Rivera Beiras, Antonio Giménez Merino o Núria Vergés Bosch. Y al
lado, gente que juega a dos bandas, como Gala Pin o César L. Lobato.
No es que tengan la misma cara, es que ocupan los mismos espacios. Universidad,
activismo y política. Una tríada perfecta para que nada se mueva si ellos no quieren.
Como decía Hannah Arendt, la banalidad del mal suele esconderse en las oficinas y
en los procedimientos; en este caso, se esconde tras el logo de la universidad y un
manifiesto firmado por casi 3.000 personas.
El valor del nombre y el peso de la estructura
A veces me preguntan por qué me fijo tanto en quién firma y quién organiza. Es
sencillo: el individuo es quien presta su prestigio, pero el grupo es el que blinda la
impunidad.
No es lo mismo que una persona diga una barbaridad en su casa a la hora del
almuerzo, a que 2.861 personas —profesoras, asesores, cargos públicos— presten
su firma para validar lo que es, sencillamente, la mercantilización del cuerpo de las
mujeres. Esa firma es un acto de autoridad. Es decirle al estudiante de primero:
«esto es lo que hay, esto es lo que es verdad».
Luego están las «trincheras»:
● El Grupo Antígona en Barcelona.
● El Laboratorio HUM-472 en Almería.
● Los departamentos que aparecen en todos los expedientes, como si fueran
una franquicia del regulacionismo.
Ellos se protegen. Se respaldan. Se invitan a los congresos donde se dan premios
unos a otros. Y mientras, nosotras, las de barrio, las que no tenemos cátedra pero sí
tenemos la verdad en el cuerpo, no nos sorprendemos. Sabíamos cómo operaban.
Sabíamos cómo convertirían la casa del saber en la casa de la explotación.
Una lucha de cuerpo y conciencia
La conclusión de esta entrega es la que ya me esperaba: esto no es un fallo del
sistema. Es el sistema funcionando a su manera. Se han coordinado perfiles y
estructuras para que el mensaje del lobby fuera la única voz «culta».
Esto no es un juego académico. Es una forma de organizarse para que las nuestras
sigan siendo mercancía mientras ellos escriben artículos sobre «derechos
laborales». Pero se les ha olvidado algo: la Universidad, aunque la hayan
secuestrado, es un patrimonio de la inteligencia colectiva. Y las que venimos de la
lucha, las que no pedimos permiso para pisar la calle, tenemos una paciencia
infinita.
Las próximas entregas van a dejar de hablar de nubes. Vamos a analizar cada
nodo, cada euro y cada decisión. Vamos a ser el espejo donde no quieren mirarse.
Porque la pregunta sigue siendo la misma: ¿Quién abrió aquellas puertas? Y ahora,
por fin, ya tengo el mapa y la confirmación de lo que siempre supe: sé quiénes son
los porteros.
La investigación continúa…



