El apoyo y cariño que no queremos.

¿Acaso no matan a los caballos?

Hay una cita (no recuerdo el autor) que reza “malvado es quién sólo hace el bien en beneficio propio”, y que va como anillo al dedo al Ministerio de Igualdad (que quizás debería cambiar su nombre por Igual-Da). Y es que, dicho ministerio, bajo mi punto de vista, debería desaparecer.

Probablemente usted, querido lector o lectora, se habrá quedado patidifuso al leer que una feminista aboga por la desaparición del citado ministerio, pero lo cierto es que hay muchísimas razones por las que la existencia de éste es una absurdez.

Para comenzar, el ministerio se encarga de un batiburrillo de colectivos que sufren discriminación y que nada tienen que ver entre sí, por tener problemáticas distintas, y los problemas propios de más de la mitad de la población: las mujeres y su opresión (sí, las mujeres no somos un colectivo). Un sistema que realmente se preocupara por erradicar la discriminación y la opresión aplicaría perspectiva feminista y políticas antidiscriminatorias en todas sus leyes, no tiene sentido hacer leyes específicas sobre temas legislados.

¿Y qué pasa con las leyes específicas y las políticas de acción positiva? Pues exactamente lo mismo. Se pueden incluir dichas medidas en las distintas leyes existentes y/o, el ministerio competente elaborar las leyes que se consideren específicas.

Pero hay más. Supuestamente, el ministerio también ejerce una labor informativa y de concienciación con el objetivo de erradicar ideas discriminatorias y/u opresivas y, a la vez, lograr cambios sociales y tener una sociedad más formada. Pero ¿de qué sirve si es incapaz de desmentir lo más obvio? Hace poco salió una señora en un conocidísimo programa de televisión afirmando que el Convenio de Estambul, de obligado cumplimiento por haberlo ratificado, no se cumplía ya que no se incluía a los hombres cuando dicho Convenio habla de violencia doméstica. Nadie, absolutamente nadie del ministerio salió a desmentir dicha barbaridad. El Convenio de Estambul habla de violencia doméstica porque la ley que contempla la (mal) llamada violencia de generó en la mayoría de países (ojo, no se emocionen porque dichas leyes contemplan lo que aquí tenemos desdoblado en violencia de género y violencia doméstica), y sólo se refiere a la violencia que sufren mujeres y niñas por serlo. Claro que tenemos un ministerio que aún no sabe definir qué es una mujer.

Y todo esto nos lleva al famoso Pacto de Estado. Una dotación económica nada desdeñable destinada a combatir la lacra de la violencia de género. Y que se dedica a todo menos a lo que se debe. Se usa para decorar el mobiliario urbano con los colores del arcoiris (incluso se ha usado para pintar los pasos de cebra provocando que los perros lazarillo no los reconozcan, inclusión pero sólo para quiénes sabemos). Se usa para financiar cursos de maquillaje, de macramé o carreras de tacones. Se emplea en subvencionar asociaciones (que lideran quiénes están en la órbita del ministerio) que nada tienen que ver con la violencia contra la mujer. Y mientras, el ministerio racanea con las pulseras y el sistema de detección de los maltratadores, no sea que no le llegue para pagar las nóminas de las y los amiguetes. Más que un ministerio parece una empresa de colocación, con el agravante de que, mientras el objetivo debería ser que leyes específicas (como la de Paridad o la propia de VioGen) desaparezcan por haber logrado sus objetivos, lo que interesa es que el problema se perpetúe para que los estómagos agradecidos sigan comiendo.

Lo cierto es que el ministerio va apilando mujeres asesinadas en los lugares que deberían ser seguros para ellas: su casa, su trabajo… sin que merezca la creación de un comité de crisis real e inmediato (el mes que hay demasiadas convocan uno, pero sin prisas ¿eh? no sea que se estresen demasiado y para concluir que el agua moja), mientras la agresión a un gay o a un hombre que desea ser mujer (nunca a una lesbiana) provoca un comité inmediato donde se anuncia, a la velocidad del rayo, medidas, condenas públicas y ruedas de prensa.

Ante la pila de asesinadas basta con un copia y pega en redes sociales que siempre comienza igual: “Todo nuestro apoyo y cariño…”. Cambia el nombre de la mujer asesinada y a otra cosas. Asqueroso.

Por todo esto y muchas cosas más que, probablemente, me esté dejando (como los comentarios en redes de cierto exwaterpolista, cuyo único mérito es ser gay, que siempre abogan por la explotación de las mujeres en sus versiones más crueles e inhumanas, por ejemplo, secretario de dicho ministerio), es por lo que el Ministerio de Igual-Da debería desaparecer.

Por cierto, por si alguien del citado organismo lo lee: la definición de mujer es sencillísima. Hembra humana adulta. Ahí queda

Laura Torralva – Activista, feminista.

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