Lo que sí existe, no se cuenta y no es fácil

¿Acaso no matan a los caballos?

Hace unos meses un señor, que cada vez que abre la boca demuestra no tener ni idea de lo que es la violencia de género (VioGen) ni la ley que legisla la misma, nos sorprendió con un libro sobre las denuncias falsas, pero no sobre todas las que hay, no. Su libro va, específicamente, de las que se producen en el ámbito de VioGen.

Lo cierto es que no voy a perder ni un minuto en desmontar el montón de argumentos de barra de bar que esgrime el libro. Hay artículos, información y datos disponibles que desmontan semejante desbarre mucho mejor de lo que pueda hacerlo yo. De hecho, creo que se desmontó todo tan rápido y bien que, en un intento muy cutre (bajo mi punto de vista) pasó a señalar las condenas por conformidad. El punto es exactamente el mismo que el de las supuestas denuncias falsas: la ingente cantidad de señores inocentes aceptando ser culpables para evitar cárcel, no ver nunca más a su descendencia o vaya usted a saber qué. Lo curioso del tema es que dichas condenas son una burla al sistema. Conllevan penas que provocan risas o indignación (depende del punto de vista desde el que se las mire) y que prosperan porque las mujeres no están en condiciones de sobrellevar todo el proceso judicial o porque se aplica el concepto de “más vale pájaro en mano….” con una sentencia que te acredita como víctima, porque ya sabemos que entrar en sala es una ruleta rusa (lo del espíritu de la ley, la interpretación del juez y que ante unos mismos hechos haya interpretaciones diferentes lo dejaremos para otro día, que como informática tengo para explayarme y mucho). Tampoco voy a desacreditar esto. También han salido artículos y hay información que lo desmontan en nada y menos.

Y como éramos poco parió la abuela. Hace nada salió un juez en una charla del Colegio de Abogados de Madrid que no habla de denuncias falsas pero sí instrumentalizadas. Es decir, no niega que la denuncia sea verídica pero las mujeres lo usamos para ¡oiga! proteger a nuestras criaturas y obtener medidas cautelares que aprovechamos perversamente. Según este señor, mientras duran dichas medidas, nos dedicamos a comerle la cabeza a la criatura de turno. No habla del SAP (Síndrome de Alienación Parental) porque está más que demostrado que es falso, pero cambia SAP por “comedura de coco” y lo tienes clavado. Pero tampoco voy a hablar sobre esto. Está desacreditado incluso por organismos internacionales como la ONU donde nos ha dado un toque en plan “ya está bien, cambiad el disco”.

Para empezar, no entiendo por qué dirigen sus iras o su punto de mira sobre las mujeres. Denuncias falsas, condenas pactadas y cautelares son cosa de fiscalía y judicatura. Lo lógico sería poner el foco dónde el sistema falla, no sobre las mujeres que denuncian acorde a la ley. A mí lo que me sorprende de estos señores tan preocupados por denuncias falsas, condenas a inocentes y medidas cautelares que sólo sirven para lavar cabezas (y no precisamente para quitar los piojos) es que no han dicho ni mú sobre la forma que tienen los hombres de establecer denuncias falsas, que sí lo son, y de las que encima salen impunes.

Y es que ninguno de estos señores, tan preocupados por la inocencia de sus pares, te cuenta que cuando la mujer se defiende del maltrato físico, lo más habitual es que él también denuncie. Y muchísimo menos dirán que la condena que le cae a ella es mayor de la que le cae él habitualmente, pese a la ley de VioGen, que es idéntica en condenas a la de violencia doméstica (excepto en el máximo, que añade un año más). Tampoco explican que eso se produce porque no se juzgan juntas y en el mismo juzgado. Van a juzgados diferentes.

Tampoco te contarán, ninguno de ellos, que una de las represalias más habituales será denunciarte a asuntos sociales. Que las criaturas corran el riesgo de ir a un centro de menores se la sopla. Les da igual. Lo más habitual es que acabe en nada. Pero los meses de ansiedad, de visitas a casa, de tener que demostrar que lo inventado es mentira (aquí, curiosamente, si eres mujer lo del principio de inocencia no aplica) es lo de menos. Da igual que tengas una sentencia de VioGen a tu favor que demuestre que él es un maltratador y que la denuncia es una represalia. Se denuncia que hay menores en riesgo y hay que investigar. Y si no hay nada (que es lo habitual), hoy paz y mañana gloria.

¿Quieren más? Esta colección de mastuerzos tampoco señala que los maltratadores, cuando el tema de asuntos sociales no prospera (por razones obvias), no tienen reparos en pedir custodia de emergencia apelando a las barbaridades más espectaculares que puedan imaginar: palizas, favorecer abusos, situación de abandono de los menores por alcoholismo y/o salud de la madre… ponga su barbaridad favorita. Basta con que el maltratador trabaje en negro, declare que no tiene ingresos, para que cuando se demuestre que dicha denuncia, sí es falsa, se vaya de rositas: el truco es que sólo demandan por lo civil, por ello es denuncia a asuntos sociales, demanda de custodia de emergencia… pero nunca una denuncia en comisaría. Tampoco les explicará que mientras dura todo el proceso se dedicará a coaccionar a las criaturas hasta el punto de romperlas psicológicamente.

Mientras, con custodias cautelares para proteger a criaturas, con sentencia de VioGen a cuestas, estos tipos se declaran insolventes para salir totalmente impunes, tener asistencia legal gratuita, no asumir responsabilidades y, de paso, como siguen con visitas (por si acaso, porque ya sabemos cómo las gastan las mujeres, pese a que la ley establece que con una sentencia de VioGen se pierden todos los derechos de visita y custodia) siguen trastornando a las criaturas, no pagan pensiones o lo hacen tarde (con toda la ansiedad que genera si dependes de ese dinero para poder sacar a los críos adelante) y se hacen las víctimas ante todo su entorno, por supuesto, apelando a las denuncias falsas. Lo curioso es que nadie en su entorno se plantea por qué un juez a limitado el contacto con su descendencia a un puñado de horas cada quince días: es más fácil pensar que la madre es una desquiciada malvada y loca, a pensar que tu hijo, hermano o nueva pareja es un hombre peligroso que ni tan siquiera quiere a sus hijos.

Quizás a ustedes este escenario les parezca raro, anómalo. Sin embargo, es el pan diario de quienes estamos inmersas en una situación de VioGen donde no hay palizas pero sí mucha violencia, tanto psicológica como simbólica. Dónde hay violencia económica y vejaciones constantes que generan un cuadro de ansiedad brutal (ese tipo de violencia que una inmensa mayoría de hombres niegan porque no son capaces de entenderla ya que jamás la vivirán) y dónde la violencia vicaria campa a sus anchas pero que no parece tal porque, aparentemente, las criaturas no corren riesgo de muerte.

A mí me maravilla que estos señores, que denuncian la existencia de denuncias falsas no perseguidas, las condenas consensuadas, la instrumentalización del sistema y comeduras de coco, no tengan ni media palabra para todo esto. Que pongan el foco en lo malísimas que somos las mujeres mientras ignoran una de las formas más brutales de violencia con el beneplácito de las instituciones.

Pero qué sabré yo. Yo sólo soy una madre, enferma y maltratada, luchando contra toda esa barbarie que trato de sacar adelante a mis tiernos adolescentes. Mientras, curiosamente, para una mayoría grande de mi entorno, la que ha denunciado en falso soy yo, pese a tener una sentencia penal a mi favor por VioGen y dos civiles por impago de un crédito conjunto, cuando todo lo denunciado vía civil por él ha propiciado la prohibición de acercarse a sus hijos. Pero recuerden, la mala, para el señor del libro, el juez y una inmensa parte de la sociedad, soy yo. Hablemos de denuncias falsas. Hablemos de lo que no se habla. Pero hagámoslo de verdad.

Laura Torralva – Activista, feminista.

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