Esto no es “Vacaciones en el mar”

Who pays for this party?

“El presidente, alguna ministra a la fuga y o unos cuantos asesores chupatintas podrían haber pensado que con esta “altruista” maniobra del acogimiento del Hondius, aún acosta de la salud pública en general, lo mismo les renta laboralmente en un futuro que ellos mismos ya perciben como bastante cercano. Favor por favor”.

Cuatro meses de travesía lúdica previstos por los lugares más exóticos del atlántico y al módico precio de veinte mil euros por pasaje son los datos objetivos que tenemos del Hondius, el crucero holandés, ahora más conocido como el “barco del hantavirus”. El número de pasajeros es de 147 que, sumados a la tripulación, hacían un contingente de unas trescientas personas a bordo de un crucero de super lujo.

Explico esto para que se sitúen en el escenario real de esta situación tan tétrica y descarten que se parece en algo a esos cruceros que anuncia Shakira, que albergan tres o cuatro mil turistas low cost, que parecen un edificio flotante y a los que te puedes subir por quinientos euros con “todo incluido”. Nada que ver.

Menos aún, (y menos mal), estamos hablando de un carguero o un pesquero de esos en los que trabajan veinte o treinta personas que se hacinan en camarotes compartidos de dos por dos metros oliendo a pinrel.

Insisto en esto porque seguramente el Hondius sea un lugar más cómodo y confortable que la mayoría de nuestras casas. Siguiendo con el símil marinero, es como si el confinamiento del covid les hubiera tocado pasarlo en el súper yate Christina O. de Onassis. Y no es frivolidad, sino esto me parece un dato muy relevante a la hora de analizar el sinsentido de la actuación del gobierno español recogiendo el barco del hantavirus en Canarias.

Tampoco soy yo médico pero un barco en medio del océano, donde el pasaje no puede tener contacto con nadie más de manera aleatoria, me parece a mí el sitio dónde más fácil se puede controlar un brote vírico de este tipo que exige aislamiento y rastreo.

Una vez evacuados los enfermos y con el seguimiento médico adecuado, no entiendo por qué no se ha obligado a los pasajeros a pasar la cuarentena de 45 días exigida en un barco para súper ricos, al que no le falta la más mínima comodidad y en el que de que de todas formas pensaban pasar navegando los próximos cuatro meses.

Menos aún lo entiendo, si se les ha hecho recorrer la mitad de la costa atlántica de África para llegar precisamente a Canarias, cuando anteriormente ya se había evacuado a los enfermos más graves.

No tiene ningún sentido por lo que también me tranquiliza bastante ya que pienso que si realmente la infección fuera tan peligrosa, las autoridades sanitarias no se estarían tomando la cosa con tanta calma, como si realmente esto fuera “Vacaciones en el Mar”.

Por tanto, si el barco tiene bandera de Países Bajos, si es una instalación perfectamente habitable, si los que están a bordo están sanos y si ya les han hecho recorrer medio mundo incluso con un cadáver a bordo, no hay ni media explicación seria que justifique que el barco acabe en las islas Canarias. Ni tampoco hay ley marítima ni principio del tan manoseado Derecho Internacional que obligue ampare a tal cosa.

Y aquí es donde el asunto se pone espeluznante de verdad ya que solo la necesidad de crear la millonésima cortina de humo de este gobierno, justo en la semana del juicio Koldo y Ábalos, puede parecer una razón lógica para haber tomado la decisión que, de manera automática, ya da cientos de horas de alarmismo amarillista a las televisiones subvencionadas y amigas, horas que ya no dedican a hablar de la corrupción lampante que inunda al gobierno.

También y no mejor, podría responder esta activísima e innecesaria colaboración con la OMS a un nuevo intento por parte de nuestro presidente de echar currículums en los organismos internacionales, a ver si esta vez sí tiene más suerte que cuando hace tres años no lo quisieron ni ver en la OTAN. Porque no hay que olvidar que Pedro Sánchez es hoy presidente de España porque no tenía donde ir después de que no lo quisieran como secretario general de la OTAN, que es exactamente donde él quería estar. Y menos mal, vistos los colegas con los que se juntó en Barcelona hace un parde semanas.

El presidente, alguna ministra a la fuga y/o unos cuantos asesores chupatintas podrían haber pensado que con esta “altruista” maniobra del acogimiento del Hondius, aún acosta de la salud pública en general, lo mismo les renta laboralmente en un futuro que ellos mismos ya perciben como bastante cercano. Favor por favor.

En cualquier país decente sería impensable que sus gobernantes llegaran a este punto de sociopatía contra sus propios votantes, y si se pensara, sería motivo de escándalo absoluto. Pero estamos en un momento en que cierta parte de la sociedad española ha perdido todo el sentido crítico y ha decidido defender a “sus políticos” aunque se jueguen la vida ello. Literalmente. Y eso si una infección peligrosa para la democracia de la que no nos escapamos ni en el más lujoso de los barcos.

Nuria González – CEO de DLVRADIO

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