El 7 de octubre y el cerebro hecho puré

Who pays for this party?

“Hace dos años que la blandita, infantil y manipulable opinión pública bienestante se puso, inexplicablemente, de parte de los terroristas de Hamás, que son los mismos que los del 11S, que son los mismos que los de la sala Bataclan, que son los mismos que los de los atentados de Londres, los del 11M y los del 17A de las Ramblas de Barcelona, por citar algunas de sus “obras”.

Hace ya dos años que cada vez que hay movilización “alternativa” aparecen, sin venir a cuento de absolutamente nada aparentemente, banderas palestinas. Como, por ejemplo, en la acampada MariCarmenera de la Puerta del Sol. El otro sitio donde se han reproducido como setas es en festivales tan del pueblo llano como el Festival de Cine de San Sebastián o el Festival de Cannes, donde hasta se convirtieron en sandía. El último sitio donde las vi “en acción” fue en la pelea de “Kramer contra Kramer” versión independentista ocurrida en las celebraciones del pasado 11 de septiembre en el Fossar de les Moreres, cuando los “antifascistas” decidieron hacer alarde de su “condición” y fueron todos en comandita a intentar agredir a Sílvia Orriols y los suyos. Un gesto claramente antifascista.

Y siempre que veo la banderita me hago la misma pregunta reptiliana, a saber: ¿todos estos monigotes no querrían que su país y su gente los fueran a rescatar de unos túneles bajo tierra si un grupo terrorista los secuestrara y los torturara de todas las maneras más crueles posibles durante casi 2 años? Yo sí querría, todos ustedes también, y todos los de la banderita al viento también, digan lo que digan.

Sin embargo, una campaña negra de imagen contra Israel maravillosamente orquestada por los odiadores de la civilización occidental, de los derechos humanos y de cualquier cosa que signifique igualdad y libertad, es decir, los próceres del islamismo y el comunismo radical, ayudada por el hecho de que Netanyahu es un tío infumable y que da todo el perfil de villano de peli de Marvel, y, sobre todo y por encima de todo, la estupidez supina y empatía suicida que recorre las clases pijo-medias de Europa y que nos está llevando al borde de la autodestrucción —y, si no me creen, vean qué bonita ha quedado Francia esta semana, después de quemar colegios y hasta bomberos, todo a la vez y en todas partes—, convirtió a Israel, el agredido el 7 de octubre de 2024, en el malo a combatir en el imaginario del mainstream general.

Recordemos brevemente los hechos. El 7 de octubre de 2024, seis mil terroristas de Hamás y de otros grupos armados de la zona asaltaron el sur de Israel y atacaron el Festival de Música Electrónica Nova y todo lo que había alrededor. Mataron a 1.200 personas y se llevaron a 251 rehenes a los confines de sus túneles. Capítulo especial merece la violencia sexual que estos “combatientes” infligieron a las mujeres judías. Violaciones salvajes y tumultuarias, violaciones a la vez que las asesinaban, violaciones incluso muertas. A las que peor les fue fue a las que, aún medio vivas, se las llevaron en sus camionetas, atrocidad que, “por suerte”, pudimos ver todos en directo, porque, si no, la imagen como la de Shani Louk, que representa el horror en sí mismo para todas las mujeres del mundo, hoy la propaganda “propali”, es decir, proislamista, nos diría que es mentira.

Hasta hace solo unos días la ONU no había reconocido que hubo violencia sexual sistemática y salvaje contra las mujeres y niñas israelíes el 7 de octubre de 2024, pero su “relatora oficial para estos temas”, Francesca Albanese, venía machacando con la cifra de 600.000 gazatíes asesinados, cuando las propias cifras dadas por los terroristas de Hamás hablaban de 60.000 asesinados por Israel. Una prueba más de que la ONU es un chiringuito corrupto dominado por el dinero de las dictaduras más sanguinarias y que lo único bueno que puede hacer ya por la humanidad es disolverse.

El clímax de la maldad comunicativa y de la estupidez colectiva llegó cuando se acusó a los judíos de genocidas, a Israel de provocar un genocidio. Genocidio, genocidio, genocidio, se repetía como mantra y, si señalabas la burda y malvada manipulación de la utilización del término, eras, por supuesto, un fascista, un apestado y una mala persona.

Pero si un malvado genio de la comunicación pudo colocar ese maquiavélico mensaje que aún resuena ya solo en los reductos “multiculturales” y en el Gobierno de España, fue solo porque hace ya varios años que el cerebro de las y los europeos está hecho puré a base de wokismo y posmodernismo, y mucho autovictimismo también. Nuestra capacidad crítica y analítica ha sido sustituida por el lastimeo lacrimógeno y la empatía suicida.

Pobres palestinos arrasados por Israel sí, pero no pobres palestinos que viven presos de los terroristas de Hamás en una dictadura férrea y criminal que no permite la más mínima disidencia so pena de decapitación.

Y, por aplicarlo a “Españita”, pobres “inmigrantes” que llegaron a Ceuta sin nada sí, pero no pobres ceutíes que lo han perdido todo, ni pobre gente que vive en Marruecos bajo un régimen feudal criminal, pero que toda la Unión Europea considera “país seguro”, sobre todo para hacer negocietes.

Hace dos años que la blandita, infantil y manipulable opinión pública bienestante se puso, inexplicablemente, de parte de los terroristas de Hamás, que son los mismos que los del 11S, que son los mismos que los de la sala Bataclan, que son los mismos que los de los atentados de Londres, los del 11M y los del 17A de las Ramblas de Barcelona, por citar algunas de sus “obras”.

Sin pensar, sin reflexionar, solo con las tripas. Cosa que es aún más grave si cabe, porque ¿qué le pasa por la cabeza a una mujer de mediana edad europea, española, catalana, para ver lo ocurrido el 7 de octubre con sus congéneres y ponerse de parte de los agresores? Y pregunto por las mujeres, no por la manida manía de echarle de todo la culpa a las feministas, sino porque en el mundo desastroso en que vivimos, construido por el poder de los hombres, hace mucho que yo de los hombres no espero absolutamente nada.

Núria González – CEO de DLVRADIO, abogada, feminista.

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