Ceuta espejo de Europa

Ceuta espejo de Europa

Durante décadas, los Estados de Europa han cultivado la ilusión de que la cuestión de los flujos humanos podía resolverse por la sola fuerza del derecho positivo: directivas, reglamentos, cumbres intergubernamentales, arquitectura institucional y sin que falte el festival multicultural.

Una frontera nunca es una simple línea geométrica. Es una relación de fuerzas permanente, el punto de encuentro entre el derecho, la diplomacia, los intereses nacionales y la voluntad de potencia. Las relaciones entre Rabat y Madrid ilustran esta complejidad: oscilan entre cooperación y tensión, en un juego de equilibrio donde cada parte prueba desde hace varios años la resolución de la otra.

Por eso, las lecturas puramente economistas o humanitarias siguen siendo insuficientes. Reducir la inmigración a la pobreza estructural de Marruecos es una lecturasesgada pesa mas todo lo que conlleva vivir como súbdito en lugar de ciudadano . Las inmigraciones masivas nunca han sido el simple producto de la miseria. Son ante todo el resultado de elecciones políticas estratégicas.

La conclusión rápida de un acuerdo entre España y Marruecos sobre la readmisión de los migrantes entrados irregularmente en Ceuta confirma otra verdad: ninguna frontera es hermética por sí misma. Solo lo es cuando dos soberanías deciden cooperar. La frontera es co-producida.

Queda la cuestión más delicada, la que toca al corazón de la condición democrática. ¿Hasta dónde puede llegar un Estado de derecho para defender su integridad territorial sin renegar de sí mismo? El Tribunal Supremo de España al establecer en una sentencia de principios, el pasado 8 de julio, la prohibición de los rechazo inmediatos  o devolución  en caliente  sistemáticos de las personas llegadas por mar, tanto a Ceuta como a Melilla, ilustra esta tensión democrática. Los Estados se encuentran hoy en  confrontación  interna entre la ley y la humanidad

En el fondo, la crisis de Ceuta expone la contradicción europea de nuestra época. Reclamamos fronteras robustas, pero vacilamos en asumir su coste moral y político. Celebramos la libre circulación interior, mientras descubrimos que ella presupone un control efectivo de los límites exteriores. Hablamos de soberanía europea, cuando esta sigue siendo, en gran medida, dependiente de la voluntad de Estados no miembros.

Las naciones de Europa deben replantear  las relaciones de fuerzas del siglo XXI con el Sur del globo. Hoy las guerras ya no se libran en los campos de batalla tradicionales. Se ejercen por el dominio de los flujos humanos, económicos, energéticos, comerciales e informacion . Algunos Estados han comprendido esto hace tiempo que estas palancas podían resultar más decisivas que los arsenales clásicos. ¿Aceptaremos finalmente mirar el mundo tal como es —un espacio de competencia entre soberanías, de relaciones de fuerza y de decisiones duras— en lugar de tal como querríamos que fuera, es decir, un espacio de armonía gobernado por el solo derecho abstracto?

La respuesta a esta pregunta determinará no solo el futuro de nuestras fronteras, sino también el lugar que las naciones europeas ocuparán en el mundo. Ceuta es el reflejo  de vulnerabilidad y fortaleza de Europa

By: Hanan Serroukh Ahmed. Fundó la asociación Punt de Referència, activista social contra el terrorismo yihadista y islamismo.

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