«La política española está construida para que la violencia contra las mujeres siga funcionando”

“La violencia que el sistema necesita: la falsa paz del patriarcado institucional”

«La política española está construida para que la violencia contra las mujeres siga funcionando”

Por Mayca Romero Sánchez de la Campa — Activista feminista radical

La violencia contra las mujeres no es un error del sistema político.
Es parte de su diseño.

Lo demuestran los escándalos recientes en el PSOE, en el PP, en los partidos nacionalistas, en la izquierda alternativa y en la ultraderecha. Cambian los colores, pero no los reflejos: cuando una mujer denuncia dentro de una estructura política, la organización se protege a sí misma, no a ella.

El caso Salazar no es un episodio aislado. Es el síntoma de un sistema institucional donde la violencia prospera porque los mecanismos internos están construidos para evitar el escándalo, no para proteger a las mujeres. El mensaje político es devastador: si la denuncia compromete al partido, la denuncia es el problema. No la violencia.

El PSOE desmanteló su propio feminismo interno

Hay un hecho decisivo que para mí,  aún no se está señalando con la claridad necesaria: el PSOE fue vaciando la fuerza de sus feministas internas durante años. Redujo órganos, restó competencias, debilitó su capacidad real de influencia y sustituyó cuadros con perspectiva feministas por perfiles masculinos políticamente leales al presidente.

A la vez, externalizó la imagen feminista del Gobierno entregando el Ministerio de Igualdad a Unidas Podemos. Ese gesto, presentado como un avance progresista, tuvo un efecto estructural profundo:

Las feministas socialistas quedaron arrinconadas, sin poder, sin altavoz y sin capacidad efectiva de intervención.
Los espacios que antes ocupaban mujeres con formación feminista quedaron en manos de hombres ascendidos por su obediencia interna, no por su solvencia ética.

Esa desprotección explica una parte esencial del colapso que hoy presencia el país.

Irene Montero no representó al feminismo: representó la política queer

Mientras el PSOE debilitaba a sus propias feministas, cedió Igualdad a un espacio político que no desarrolló políticas feministas, sino identitarias. La Ley Trans y el marco queer impulsado desde el ministerio no fortalecieron el feminismo; lo fracturaron.

Al borrar el significado político de “mujer”, al sustituir la violencia estructural por discursos de identidad individual, al desdibujar el sujeto jurídico del feminismo, ocurrió lo previsible:

La violencia simbólica se normalizó.
La violencia material perdió nombre.
Denunciar dentro de las instituciones se volvió más difícil.
Los agresores avanzaron sin vigilancia.

Porque cuando un sistema político no sabe definir qué es una mujer, tampoco sabe protegerla.

Este borrado no fue abstracto: creó las condiciones perfectas para que ascendieran hombres que jamás habrían superado un filtro feminista riguroso. No es casualidad. Es consecuencia.

¿Quién promociona a los investigados?

Que varios de los hombres hoy denunciados, investigados o apartados hayan sido elegidos, validados o promocionados bajo el mismo liderazgo no es una coincidencia desafortunada.

No se trata de responsabilizar personalmente al Presidente de los actos de otros. Se trata de algo más profundo:

Cuando un líder debilita la estructura feminista de su partido, debilita también los mecanismos que detectan la violencia.
Cuando premia la lealtad masculina por encima de la ética feminista, ascienden los hombres equivocados.

El problema no son los nombres. El problema es la arquitectura del poder que los colocó ahí.

Y quizá por eso el PSOE ya no tiene el voto feminista que un día creyó que le pertenecía. Porque ningún partido conserva aquello que desprecia: ni la voz de sus mujeres, ni su confianza, ni su lealtad.

La izquierda alternativa tampoco es refugio

Quien crea que el feminismo está más protegido en la izquierda alternativa desconoce cómo funcionan sus dinámicas internas. Cuando la violencia estalla dentro, la reacción es idéntica:

Cierre de filas.
Protección del compañero “útil”.
Relativización del daño.
Silencio estratégico por el bien del proyecto.

No son menos patriarcales; son más expertos en maquillarlo.

El PP y los nacionalistas: estabilidad por encima de igualdad

El PP reduce las políticas de igualdad a un trámite administrativo y recorta los servicios que sostienen a las mujeres. Las desprotege y entrega a su verdugo sin rechistar.
Los nacionalistas convierten el feminismo en un elemento identitario, no en un programa político material.

Pero frente a denuncias internas, todos actúan igual:
protegen la estructura, no a la mujer.

No es el feminismo quien debe justificarse

Siempre se nos pregunta qué se puede hacer ante este tipo de situaciones.
Pero la pregunta correcta es otra:

¿Por qué ningún partido ha garantizado lo más básico: que una mujer pueda denunciar sin ser silenciada?

El feminismo no viene a pedir.
Viene a recordar:
quien no protege a las mujeres no puede gobernarlas.

La responsabilidad no es nuestra.
Es de ellos: sus silencios, sus encubrimientos, sus ascensos, sus gestiones del daño, su incapacidad para priorizar vidas por encima de aparatos.

Los partidos seguirán cómodos mientras la violencia que ejercen o encubren no se traduzca en pérdida de votos ni de poder.
Pero las mujeres ya no estamos dispuestas a sostener esa comodidad.

No vamos a callar, no vamos a esperar, no vamos a obedecer, y no vamos a proteger estructuras que nunca nos protegieron a nosotras.

Ellos pueden quedarse donde están.
Nosotras no.
Nosotras avanzamos.

Y cuando el feminismo avanza —de verdad—, el poder no solo tiembla: empieza a resquebrajarse.

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