Sacar la basura antes de que el hedor sea insoportable

Es de vital importancia que los reincidentes por violencia machista no vuelvan a pisar la calle

En Vigo vivimos una huelga de basureros. Seguro que quienes me leen saben que este tipo de huelgas es una de las más peligrosas, porque si dejas la basura parada sin gestionar, el olor, las bacterias y los parásitos crecen por todas partes.

De nuevo los astros se posicionan en el cielo para que la mierda salga a relucir y podamos ver lo que se oculta, lo feo, lo asqueroso de nuestra sociedad. Ese yogurt a medio acabar, esos pañales usados, esos restos de comida en descomposición se acumulan en las calles de mi ciudad al lado de la banda de música del ejército de España, que hoy está aquí, al igual que otros muchísimos militares de todas partes del país. Lo nauseabundo se siente en el ambiente, está en todas partes, en lo material y en lo metafórico, cuando salen de debajo de las piedras billetes de 500, joyas y minas de oro. El estado se tambalea y no hay alternativa mejor a esta ciénaga en la que nos han obligado a vivir, a crecer y a creer.

Aquí el olor llega a las narices de la marina, del ejército de tierra y del de aire. No pueden ellos con el hedor y nosotros tampoco. El pueblo está harto de taparse la nariz, los ojos y los oídos. La locura sube en las estadísticas por encima del euribor y de la inflación. Cada día son más las personas que no tienen salvación, aquellas a las que la vida ha dejado atrás. Miles de personas se quedan sin una familia que les sujete para que no salten desde el balcón. Ahora estamos solas ante toneladas de basura en estado de fermentación y no tenemos materia prima con la que luchar contra algo y ni sabemos contra que luchar. Vivimos pensando en hacer una locura que se pospone ante la promesa de ver un capítulo nuevo de la última serie del momento. La humanidad está en el quicio de la ventana o en una cornisa sujeta por dos dedos de cada mano. Nada ni nadie agarra ya a nadie. Nos apartamos de quien nos hiere y mientras nos siguen robando el aliento.

Los casos de corrupción los arreglan entre ellos. Entre los que mandan. Pueden hacer sus apuestas sobre lo que va a pasar. La ley contra la prostitución no será ley, porque tienen pensado que las jóvenes sobrevivan dejándose violar y porque desde el poder hacen el mundo que quieren vivir. En ese mundo las prostitutas a las que penetran se cuentan como si medallas fueran.

Nos gobiernan personas sin escrúpulos que se venden a la mínima de cambio y yo desde mi casa no entiendo para que quieran tanto dinero. Yo no sabría en que gastarlo.

Hace años se limitó el uso de los billetes de 500, si no recuerdo mal, y ahora sabemos que Ábalos, Koldo, Aldama y seguro que unos cuantos más los manejan a toneladas. Pasarse billetes de 500 que la clase trabajadora tiene prohibido tocar es la manera de comulgar en el credo de estas personas con una religión basada en el saqueo del país y el robo al pueblo. Estos que te explicarían la plusvalía y que se dicen herederos de las miles de personas que un día murieron por causas nobles. Hoy reparten chistorras, que en realidad son billetes de 500.

En mi ciudad hoy militariza y llena de basura siento de cerca lo que estamos viviendo todas y todos. La mierda rebosa. Todo sale por fuera y no se puede contener por mucho más tiempo. Debemos enfrentarnos a la realidad una vez más. Necesitamos como pocos castigos ejemplares para los que nos roban a todos y todas.

Hoy no hay revolución posible.

Iria Bragado – activista social, feminista y poeta.

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