Estos tres importantísimos organismos que deberían ser garantes de los derechos básicos de todas y todos al más alto nivel, es que están roídos por la corrupción, aunque esta no siempre se manifieste en forma de sobre marrón lleno de billetes.
Vivimos en una estafa permanente, o al menos, muy mayoritaria, aderezada por la dictadura de la cancelación y el silencio de los hampones y sus grupos de ignorantes palmeros y palmeras. Y todo eso tiene graves consecuencias en la vida real.
El primer estafador del que les voy a hablar es el Comité Olímpico Internacional, COI. Hace unos cuantos días se hizo público lo que todo el mundo ya sabía, pero solo unas cuantas mujeres se atrevieron a decir, con el consecuente castigo de la inquisición posmos progre. A saber, que el tal Imane Khelif, boxeador argelino al que el COI le permitió competir fraudulentamente en la categoría femenina de las olimpiadas de París, es eso, un maromo. Era obvio, pero el COI permitió tal fraude porque seguramente alguien se benefició de los dineros que invirtió en tal despropósito la federación argelina de boxeo o quien sea.
Pero lo cierto es que se le dio una medalla de oro olímpica a un hombre por apalizar mujeres en vivo y en directo, jaleado por toda la prensa infecta, que no hace más que dar vergüenza ajena y amplificados por los siervos del posmolerdismo en redes. Pero la culpa de esa estafa es del COI. Y como no podemos asegurar que no lo vaya a volver a hacer, más bien al contrario, yo pido que se disuelvan y dejen de mangonear el deporte en general y el deporte femenino en particular.
La segunda estafa planetaria de moda es la Organización de Naciones Unidas, ONU, o también conocida como máquina de redirigir la “atención occidental desnortada”. Partiendo de la base de que la ONU la conforman 191 países, de los cuáles por lo menos la mitad son dictaduras o gobiernos totalmente corruptos, otros tantos no tienen el menor respeto por los derechos humanos, y más aún siquiera tienen estructuras de Estado, es increíble que se les haga caso, ya que quien les otorga el presupuesto estratosférico del que disponen son precisamente esos estados fallidos para silenciar sus vergüenzas.
La autoridad moral que se supone ejerce, pasaría por condenar todos los atropellos a la raza humana por igual, y no dependiendo de lo que pongan de moda los gobiernos ricos en la prensa servil. Hace mil años que no sabemos nada de Darfur, no se dice ni media palabra sobre lo que está pasando en el Congo y las violaciones masivas a mujeres, de Yemen ni se acuerdan y las desapariciones en México ni se nombran. Ni pio sobre la teocracia islámica de Irán, que usa más sus grúas para ahorcar mujeres y disidentes que para construir pisos, y tuvo el cuajo de sentarse con los talibanes para hablar de la situación de las mujeres afganas y también de llamar “yihadistas moderados” a los nuevos dueños de Siria. No todo es Gaza, aunque Gaza sea Gaza. Pero da la sensación de que para los tragapanes de la ONU los petrodólares compran su atención para unos y su silencio para otros. También, disuélvanse.
Y, por último, la estafa local, llamada Tribunal Constitucional, que ya es estafa desde el nombre puesto que ni siquiera es un tribunal. El órgano cuya única función es decir si las leyes que salen del Congreso se ajustan o no a la Constitución, ha cambiado su función y ahora sólo otorga constitucionalidad si se ajustan a los intereses del gobierno de turno, o no, ya que son los gobiernos los que ponen a los miembros del Constitucional.
Y esto es muy importante ya que, dado el extraño caso de que las y los magistrados ejerzan su independencia mental y personal, y se pronuncien sobre una ley basándose exclusivamente en parámetros constitucionales y no en lo que ordene el partido mayoritario que los ha puesto ahí, es como digo vital tener al presidente del artefacto al servicio del interés gubernamental.
Esto ha pasado con la llamada “Ley Trans”, que ya no es que sea inconstitucional, que lo es, sino que es directamente irreal. Tan escandaloso es este asunto que las mayorías partidistas milagrosamente se disolvieron y no iba a declararse la constitucionalidad de tal bodrio legislativo, aunque esa sea la orden ejecutiva. Solución: el presidente la deja en un cajón hasta que vengan tiempos mejores y magistradas y magistrados con menos criterio propio. Eso sí. Mientras se sigue aplicando la ley. Ya me dirán ustedes si es o no una estafa en toda regla. Por todo ello, que estos ya directamente que se desintegren.
Y es que lo que tiene en común estos tres importantísimos organismos que deberían ser garantes de los derechos básicos de todas y todos al más alto nivel, es que están roídos por la corrupción, aunque esta no siempre se manifieste en forma de sobre marrón lleno de billetes. Que se disuelvan y entreguen sus armas de generar estafas masivas. El mundo será lugar mejor.



