Las reglas del juego

Es de vital importancia que los reincidentes por violencia machista no vuelvan a pisar la calle

Hay quien sigue negando la existencia del patriarcado mientras que los hombres que dominan el mundo sellan pactos derramando su semen sobre y dentro de los cuerpos de mujeres y niñas vulnerables

Las feministas pedimos que nos tomen en serio pero llevan cientos o miles de años haciendo las cosas a su manera, es decir, con el pene por delante. Pedimos que nos tengan en cuenta como iguales y ocupar los lugares de poder, pero los juegos del poder mismo no están configurados para que las mujeres prosperen sino para degradarlas, para degradarnos a todas. Sabemos que no hay que ir hasta EEUU para acreditar que esto que pasa cruzando el charco,  pasa también donde vivimos. Recuerdo una famosa foto que años atrás recorría las redes sociales en la que se veía a coches de la Guardia Civil ocupar el parking de uno de los prostíbulos más famosos de mi zona.

Además, en Galicia tenemos en la memoria el “Caso Carioca” en el que en una red de tráfico de mujeres se vieron implicadas decenas de personas, casi todos hombres, entre ellos algunos de las fuerzas de seguridad del estado, funcionarios de justicia, médicos y políticos. Miles de folios que concluyeron con un par de seres humanos pasando unos meses en prisión. Una red de tráfico de mujeres, de secuestro, con desaparecidas, con abortos forzados y practicados en cualquier sitio y de cualquiera manera. Un caso en el que quienes denunciaron temían por su vida y que después de todo el esfuerzo realizado por parte de aquellas personas que trabajaron años intentando cambiar el mundo para mejor y aplicar un poquito de justicia, se les gratificó con una sentencia irrisoria. Así es como el sistema nos llama la atención a las mujeres que nos quedamos, que luchamos y que señalamos. Así intentan adoctrinarnos en el silencio y nos ponen en el que consideran que es nuestro sitio. La del Carioca fue una sentencia ejemplar contra las víctimas y contra todas las mujeres de mundo.

Mientras los políticos se ponen un lazo violeta y posan en las concentraciones por las mujeres que gota a gota son asesinadas, no se enteran estos defensores del patriarcado corrompidos por el poder que nuestro vaso de paciencia se encuentra al límite igual que los ríos de la península. Deberían si así lo consideran, ir haciendo una limpieza con amoníaco y lejía. Porque las feministas no vamos a parar de señalar a aquellos que  nos venden a cambio de correrse a gusto.

Es una lástima que con el pasado anarquista que tenemos en nuestro país no se acuerde nadie de que el poder corrompe, y que si tienes pene parece que corrompe mucho más. La CNT perdió la guerra igual que el resto de grupos y personas que lucharon contra el fascismo, pero el tiempo les ha dado la razón. Toda la izquierda que manda desde las instituciones del estado parece hoy estar podrida y así lo demuestra un partido tras otro  con unos niveles de corrupción material y moral difícil de inventarse en un mundo imaginario. Una vez más la realidad supera la ficción y es que el mundo está lleno de hombres a los que eles excita el sufrimiento de las mujeres, niñas y niños. Sus penes se ponen duros del gusto y eyaculan con la idea y sobre todo con la práctica del sometimiento de las débiles.

En esta vieja realidad en la que la religión católica lleva décadas perdiendo fieles y del mismo modo se diluye su influencia cultural, la máxima de “Tonto el último” alimenta el día a día de la política y los negocios. Todo se construye al ritmo de una carrera para entrar al prostíbulo primero, de modo metafórico y material.

Baco, dios en la mitología griega del vino, el desenfreno y las orgías, semeja haber destronado a Zeus y haberse apoderado del lugar más alto del Olimpo. La humanidad puede esperar, la dignidad puede esperar, todo puede esperar, menos el derecho de algunos señores a meter la picha en niñas y mujeres a su antojo.

Con todo esto, ¿Qué vamos a hacer las feministas con los jefes que tenemos en el lugar donde vivimos? Hoy las preguntas son más que las respuestas y entre tanta confusión nos queda destapar poco a poco las cartas que están en la mesa y ver qué podemos hacer con las que nos ha tocado.

Necesitamos conocer las reglas del juego, aunque no queramos jugar. Saber quiénes son las personas a las que le pedimos la Abolición de la prostitución. Es una posibilidad que aquellos en cuyas manos se encuentra la llave de nuestro sueño de igualdad tengan su dinero, su ego y su miembro viril metido de lleno en la explotación sexual. Quizás por eso hay quienes se reivindican abolicionistas por un lado y por el otro intentan colarnos a pseudosindicatos de utópicas prostitutas felices.

No nos hacen falta listas de contactos de correos electrónicos para saber unas cuantas cosas sobre la ética de nuestros políticos. Con ver a quienes benefician y a quién no es suficiente. Seguir el rastro del dinero es la manera en la que se resuelven los crímenes y este de la prostitución se empieza a resolver delante de nuestras narices.

El ejercicio de imaginar nuevos mundos debería ser nuestro deber diario. Ponerle límite a la influencia que nos llega desde los lugares donde la prostitución es más religión de lo que aquí es, es nuestro cometido. Podemos hacer una lista Epstein a la española y no hace falta ser periodista ni catedrática de nada para sospechar que por aquí huele a podrido y que aunque no tengamos pruebas poseemos demasiados indicios para comenzar a señalar con el dedo a quienes se han dedicado a proteger la injusticia más antigua del mundo.

Compartir: