Es de vital importancia que los reincidentes por violencia machista no vuelvan a pisar la calle
En el año 2010 mi compañero y yo mirábamos la televisión, una noticia nos sorprende. Una joven ha sido presuntamente asesinada por su pareja. El lugar donde ocurre está a pocos kilómetros de nuestra vivienda. Aquellas personas eran de nuestra misma edad. Somos de la zona rural de Vigo, colindante con otros ayuntamientos como el de Gondomar, donde la víctima apareció muerta en el 2010. En la televisión vemos imágenes de un hombre: Borja Rial Rodríguez. El mundo es demasiado pequeño y nosotros conocemos a ese hombre. Lo conocemos del “Bugus”, un bar donde parábamos los jóvenes de la zona. Estaba harta de mirar su cara, de cruzarme con él en las escaleras por donde accedíamos al sótano.
Recuerdo de aquel chico la mala sensación que me daba. La mirada oscura que tenía. No era una persona a la que quisiera conocer, ni a la que nadie fuera a hacerle un chiste.
Por la prensa nos enteramos de que antes del 2010 fue denunciado por familiares propios por amenazas, también una pareja anterior con la que tuvo un hijo lo denunció por violencia de género. Al revisar todo lo que internet salpica con su nombre y apellidos, encuentro referencias a tráfico de estupefacientes y en abril del 2024 también a robos en comercios.
Aquel 17 de noviembre de 2010 la que era su novia entonces, María Isabel Solla de 24 años “apareció” muerta en su cama, en la casa compartida por ambos, con un tiro en la cabeza y desnuda.
A las 18.00 horas Borja avisa a la policía de que se ha encontrado así a su novia (según él). Cuando estos llegan al lugar donde está el cuerpo, no hay pistola, pero si una muerte por arma de fuego. Después de verse acorralado por la situación dirige a los policías hasta la pistola que el mismo había comprado en el poblado de O Vao de Pontevedra. Por supuesto no tiene registro ni es legal. La había escondido a unos 100 metros de la casa en medio del monte. Unos artículos señalan que entre la maleza y otros bajo tierra.
Borja les dice a los agentes que la compró para defenderse de “unos rumanos” que lo amenazaban. Su anterior pareja, de origen rumano y con la que había tenido un hijo, lo había denunciado por malos tratos. Esa arma terminará con la vida de María Isabel.
Permanece días en la cárcel como sospechoso, pero al poco tiempo sale de prisión teniendo que acudir al juzgado cada 15 días. Las pruebas de la autopsia defienden la tesis del suicidio y por este motivo queda absuelto de asesinato. Solamente es juzgado por tenencia de armas.
La familia de María Isabel descarta el suicidio y recuerdan que unos días antes habían estado juntos y esta había comentado sus planes de retomar los estudios. Las quejas y desconfianzas de la familia no consiguen que se investigue un poco más el caso.
Tenemos la certeza que pese a que la sombra de culpabilidad cubre su cuerpo entero, continua teniendo amigos y una familia que lo apoya. Le sobran personas que confían en él, porque es un hombre, es de la familia y es del barrio de toda la vida. Leyes no escritas que en el lugar de donde yo vengo dictan la vida de las vecinas y vecinos.
Calculando que en el 2024 la pareja de Johanna y Borja llevan 7 años, la relación empezaría entorno al 2017. Él le lleva a ella más de 10 años y tienen amistades en común.
En junio del 2024 Johanna decide romper la relación. Días más tarde su coche aparcado en las inmediaciones del hogar, una casa en la parroquia de Valladares perteneciente al ayuntamiento vigués, aparece calcinado. La joven pone una denuncia por este hecho y señala que sospecha de su expareja. Los policías con los que Johanna se encuentra deciden no hacer nada más que certificar que no existen pruebas que incriminen a Borja Rial en el incendio catalogado como provocado.
En estos pocos meses en los que Johanna parece haberse librado de Borja, continúa persiguiéndola y molestándola. Incluso la noche anterior a quemarla viva, cuando la joven se encontraba con sus amigas en un bar de la zona donde una vez más no quiso saber nada de él. Unas horas después, a las 9 de la mañana del sábado 14 de septiembre, sucede el hecho por el cual las fotos de Borja inundan medios de comunicación. Rocía con gasolina y prende fuego a Johanna.
Hoy podemos decir que Johanna es una superviviente de violencia machista y ella sabe que la persona con la que compartió 7 años de relación casi la mata. Logró hacerse la muerta a pesar de las llamas, rodar por el suelo, entrar en el jardín de su casa y apagar el fuego con una manguera.
A raíz de este hecho las personas que conocíamos las acusaciones a las que Borja se había enfrentado en el 2010 pusimos el grito en el cielo. Las posibilidades de que María Isabel Solla fuera otra víctima de Borja estaban presentes en la mente de cualquiera que conociera el caso.
La periodista Elena Villanueva en su artículo del Faro de Vigo del 19 de septiembre de 2024 entrecomilla una frase de María Jesús Solla, hermana de María Isabel: “Mi hermana fue otra víctima de Borja Rial”. Frase que representa lo que muchas y muchos tenemos en mente.
En la misma línea en el artículo de El País del año 2024 de Elisa Lois, publicado el 21 de septiembre, la periodista contacta con expertos de la guardia civil en balística para comentar el caso archivado como suicidio de María Isabel. De manera literal recoge las impresiones de los expertos: “No es descartable que se reabra judicialmente ya que ahora, con otra perspectiva, hay elementos del caso que no encajan y que han quedado sin respuesta”. Continuando en el artículo unas líneas más abajo, plasma: “Uno o dos guantes sería suficiente para superar la prueba y descartar los restos de una deflagración”. A día de hoy no tenemos constancia de que declaraciones como estas se hayan tenido en cuenta para reabrir el caso.
Sabemos que la justicia tiene un ritmo lento en este país. Acabamos de conocer hace pocos días que a Borja se le imputará el delito de asesinato en grado de tentativa con agravante de parentesco por la agresión a Johanna. Ahora necesitamos saber cuándo se reabre el caso de María Isabel Solla y que está pasando en el sistema judicial para que esta persona que ha sido investigada en diferentes ocasiones por una variedad amplia de delitos no haya cumplido más que unos días por pertenencia de armas.
Como se puede obligar a la sociedad a convivir con este hombre y descuidar a todas las mujeres que lo rodean. Porqué las leyes están hechas para proteger el bienestar de humanos como él, mientras que las mujeres tenemos que vivir con miedo.
Johanna tiene secuelas para toda la vida, una decena de operaciones encima y sus capacidades físicas limitadas para siempre. Con todo esto, aseguró a principios del 2025 en Canal Sur que los meses en los que vivió su vida separada del hombre que la quiso matar fueron los mejores de su vida.
Mientras miramos series de true-crime y los criminólogos se amontonan contando en podcast que los psicópatas no tienen cura, continuamos con una legislación basada en que el peor de los humanos puede cambiar cuando sabemos que las investigaciones desembocan en teorías opuestas a tal planteamiento. Las víctimas de estos crímenes solo somos mujeres, si los agredidos fueran futbolistas de primera división se restauraría la pena de muerte y las ejecuciones serían retransmitidas en prime-time.
Mientras tanto lo que nos queda es recordar que no todo está resuelto en lo que tiene que ver con Borja Rial Rodríguez y destapar las vergüenzas de un sistema que nos deja claro que nuestras vidas valen menos que la cualquier hombre, incluso del protagonista de este escrito.
La condenada antes o después será Johanna porque volverá a vivir con miedo a que la mate el que ya lo intentó una vez. La cárcel no es para toda la vida casi nunca.
En cuanto salga su derecho a hacer lo que le salga de los cojones será protegido por ley.
Iria Bragado – activista social, feminista y poeta.



